La casa de las dagas voladoras (2004), de Zhang Yimou

Existe en esta hermosa película un momento especialmente sublime. Tras haberse despedido de forma abrupta los dos fugitivos, Jin (Takeshi Kaneshiro) y Xiao Mei (Zhang Ziyi), los soldados del gobierno acorralan a Mei en un bosque de bambú, pero antes de que consigan apresarla o matarla, Jin regresa para intentar evitar que esto ocurra. Sin embargo, les resulta imposible escapar, y esperando una muerte inminente, ella le pregunta a él por qué ha regresado. Él le responde que ha regresado “por una persona”. Y ella llora. Va a morir, y pese a todo es feliz, porque en el final se siente amada por primera vez en su vida. En este momento irrepetible, seguramente el más importante de la película, y uno de los más bellos que jamás ha filmado el gran director Zhang Yimou en su magnífica carrera, se condensa el tono y el tema de La casa de las dagas voladoras (Shí miàn Mái Fú, 2004), segunda en la trilogía wuxia que filmó el cineasta chino, y de las tres la más emocionante, trágica e inolvidable.

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El título original podría traducirse como “emboscada en diez direcciones”, que por una parte alude quizá a la capacidad de los miembros de las dagas voladoras de atacar a varios objetivos distintos con sus armas, aunque también a una historia en la que todos mienten y nada es lo que parece, pues el argumento nos narra la peripecia de tres personajes que han de recurrir a elaborados engaños no solamente para conseguir sus objetivos bélicos, sino sobre todo para ocultar sus sentimientos más profundos y desgarradores. Poco a poco, sin embargo, la mentira irá dejando paso a la verdad, y ésta última será la que provoque la portentosa secuencia final en la nieve. Pero La casa de las dagas voladoras no es en esencia un filme sobre la mentira o el engaño, sino sobre guerreros en apariencia invencibles que en realidad son personas solitarias y desamparadas que necesitan sentir que el amor que profesan es correspondido en los mismos términos de sacrificio  y valentía. Y como en todas las grandes películas de aventuras, los dos niveles, el físico y el íntimo, se entrelazan y se retro-alimentan para despertar las emociones más intensas en el espectador.

La historia es bien simple: en el año 859 el gobierno de la dinastía Tang quiere encontrar, al precio que sea necesario, a un grupo de rebeldes violentos conocido como la casa de las dagas voladoras, que poseen la habilidad, como su mismo nombre indica, de lanzar dagas con una precisión extraordinaria, y que quieren derrocar al gobierno corrupto. Dos experimentados soldados sospechan que una bailarina ciega es miembro importante de esa casa, y le harán creer que se escapa con uno de ellos, para que les ayude a encontrar el refugio enemigo. Aunque esta historia tan básica es sólo el punto de partida para una experiencia estética sobrecogedora, muy elegante y contenida, pero que en un desvelamiento progresivo e imparable, con una sencillez abrumadora, va haciendo mella en el espectador, y secuencia a secuencia, gota a gota, hasta la lacerante y casi operística conclusión, sube en emoción y belleza para terminar destrozando el corazón del más avezado cinéfilo con su amarga imagen final.

Y es que, aunque ciertamente Yimou ha decaído con sus últimas realizaciones, es imposible negar la capacidad de este eminente artista de emocionar con imágenes de puro cine, en las que el dolor de una pérdida o la alegría de un reencuentro pueden resultar catárticos. Aquí está ayudado en esa labor por la gran música de Shigeru Umebayashi, la fotografía de Zhao Xiaoding, y el diseño de producción de Tingxiao Huo, de los que extrae probablemente el mejor trabajo de sus vidas, para una imagen, un aspecto, un vestuario, una dirección artística, sencillamente indescriptibles. Filmada en bosques de Ucrania, pocas veces en una película un campo de flores, o los colores de las hojas de los árboles han resultado más deslumbrantes que en esta obra maestra. Como pocas veces el enamoramiento inevitable de dos personajes ha resultado más trágico y doloroso. Ver esta película es gozar con la belleza de las imágenes y sufrir con el destino terrible de los personajes.

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Muy diferente a la impresionante Hero (Ying Xiong, 2002), tanto en tono como en intenciones, La casa de las dagas voladoras es una mirada pesimista sobre la guerra y la violencia, pero aún más oscura sobre las pasiones del amor y la amistad. En su punzante romanticismo, en las miradas y en los silencios, late un desesperado manifiesto por la libertad personal y por la aceptación de los propios sentimientos, en un mundo despiadado en el que la vida no vale nada, y en el que un instante de fugaz felicidad conlleva la pérdida de la vida o de la esperanza. Palabras mayores, para un filme que sólo se acrecienta con el paso del tiempo, y que con cada visionado gana en profundidad y grandeza.

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2 thoughts on “La casa de las dagas voladoras (2004), de Zhang Yimou

  1. Amé esa película. Las imágenes tocan la piel, te hacen sentir. Fué una película que por mucho tiempo la seguí viendo dentro mío. Gracias por traérmela de vuelta…

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    1. Hola, Caro. De nada. La verdad es que “La casa de las dagas voladoras” es un filme escalofriante que a muchos nos ha dejado una honda huella. Un abrazo afectuoso.

      Liked by 1 person

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