Los odiosos ocho (2015), de Quentin Tarantino

Inmersos como estamos en una época en la que el cine de ficción (no así otras formas de cine..) se ha vuelto muy académico y predecible, y muy poco valiente o estimulante, salvo algunos títulos excepcionales y raros, la presencia de Quentin Tarantino dentro del cine estadounidense en el último cuarto de siglo ha representado, entre otras cosas, un soplo de subversión, frescura e ingenio. Al menos el escaso puñado de películas que ha dirigido este cineasta promete diversión, visceralidad, humor salvaje…También diálogos brillantes, intertextualidad narrativa, personajes icónicos, capacidad de sorpresa en la mezcla de géneros… Y un largo etcétera. Admirador como soy de su cine (de algunas películas más que otras, por supuesto) esperaba con ilusión su segunda incursión en el “Western” (aunque de “Western” totémico tienen poco cualquiera de las dos, pues más bien parecen una excusa o capricho cinéfilo, un marco en el que poder introducir su personalidad como director), pero lamentablemente es la película que menos me ha gustado de todas las suyas, con gran diferencia.

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Está claro que Tarantino es un director que se gusta a sí mismo, y mucho. No es algo negativo, necesariamente, pero como tantos otros artistas de talento, ha tendido siempre, peligrosamente, hacia una autocomplacencia desmedida, que sin embargo se ha visto paliada por sus innegables virtudes como director. Cuando se le calman los picores del divismo, pocos pueden rivalizar con él en la escritura de diálogos y en la dirección de actores, así como en la planificación y construcción de secuencias memorables. Pero extrañamente para mí, Los odiosos ocho (The Hateful Eight, 2015) sorprende desde casi el primer minuto por un defecto que nunca creí poder atribuir a una cinta del director oriundo de Knoxville: es una película aburrida. Y no solamente eso, también insustancial, desganada, sin la menor gracia. Y aún peor: predecible y olvidable. Paso por alto que por momentos resulta desagradable y hasta repugnante. Los dos máximos valores antes referidos (su dirección de actores y sus diálogos brillantes) brillan literalmente por su ausencia.

Jason Leigh…y poco más

Solamente en el caso de la presencia de una magnífica Jennifer Jason Leigh, una actriz infravalorada pero a la que no recuerdo un mal trabajo y que borda un personaje que podría haber sido más interesante, y en alguna secuencia aislada, reconozco al ya mítico director de cintas magistrales como Reservoir Dogs (id, 1991). Jamás ha escrito Tarantino diálogos más redundantes y menos inspirados que aquí, pues todo parece una verborrea incesante muy al estilo de algunas secuencias de Death Proof (id, 2007), una propuesta por otro lado vibrante y eléctrica en muchos más momentos que su último largometraje. Se podía esperar mucho más después de la que yo considero un triunfo particularmente hermoso de su director, la también excesiva pero soberbia Django desencadenado (Django Unchained, 2012), en la que este cineasta demostraba una evolución indudable en su estilo y mirada, y en la que, incluso, se percibía una humanidad y una compasión por los personajes y la historia inéditas hasta entonces en su trayectoria. Ahora Tarantino parece dar un paso atrás (o varios…) con una historia cínica y psicótica que nada aporta al espectador salvo algunas explosiones de violencia sangrienta, que es además la peor violencia que ha filmado nunca.

Se podría establecer una conexión argumental con aquel inolvidable Reservoir Dogs, puesto que de nuevo nos cuentan la historia de un grupo de indeseables atrapados en contra de su voluntad en un espacio cerrado. Pero todo lo que allí era una tensión y un sentido de la atmósfera insuperables, aquí es la incapacidad de aprovechar un escenario elaborado pero al que le falta sugestión, y una violencia de cómic que de tan exagerada parece una parodia. Por desaprovechar, Tarantino incluso echa por tierra una buena música (lejos de sus mejores trabajos, pero aún así compleja e hipnótica) del genio Morricone. Y hasta parece incómodo con el tan anunciado uso del formato ancho 2.76:1, en Ultra PanaVisión, con el que el gran operador Robert Richardson consigue planos de gran belleza en paisajes, pero que parece pesarle al cineasta a la hora de inocular tensión y ritmo en la construcción de la historia. Aunque nada de todo esto creo que sea la razón de que la película funcionase bastante mal en taquilla y de que, en mi opinión, sea la película menos interesante de su director.

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La razón principal es, sin ningún género de dudas, que la película no cuenta nada interesante, de ninguna forma interesante, empezando por un guión demencial en el que por primera vez este guionista soslaya de manera deplorable la coherencia interna de sus propios personajes, algo que jamás le había sucedido. En el cine de ficción es ley que si el director no se preocupa de las razones y motivos de sus personajes, el espectador no podrá hacerlo tampoco y no le importará lo que suceda en pantalla. Y esta floja película es ejemplo perfecto de ello. Cuando el personaje de Walton Goggins, después de defender con vehemencia al anciano general sudista, se asocia sin el menor problema con su ejecutor, al que da vida un irregular Samuel L. Jackson, constatamos que esta vez Tarantino no ha hecho los deberes. Pero es que los personajes a los que dan vida Michael Madsen o Tim Roth, que en otras ocasiones brillaron con el director por muy breves que fueran sus papeles, se reducen a meras sombras sin entidad y sin gracia, dirigidos además por Tarantino con histrionismo y sin carácter.

Claro que, cuando se constata que la película desperdicia una hora (¡una hora!) antes de empezar de verdad y poner sus cartas sobre la mesa, después de perder el tiempo en una aburridísima secuencia en la diligencia y en el resguardo de los caballos en el establo (que uno piensa, equivocadamente, que va a significar algo más en el devenir del argumento), empieza a quedar claro que por primera vez un Tarantino va a erigirse en una experiencia decepcionante. Poco importa que inicialmente la historia parezca perfecta para el talento de su director, menos importa aún que se hable de temas importantes sobre las heridas de la Guerra de Secesión estadounidense, nada importa que Jason Leigh se convierta en un verdadero demonio sangriento. Porque más de tres horas de caprichos tarantinianos se antojan un empacho presuntuoso, vacuo. Antes Tarantino te contaba una historia seria y potente con chispazos de humor negro. Esta película es una broma de mal gusto con chispazos sobre temas interesantes. Esperemos que sólo sea un tropiezo, pues hasta los buenos directores se equivocan alguna vez.

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8 thoughts on “Los odiosos ocho (2015), de Quentin Tarantino

  1. siempre dices que es mejor cuando directores toman su tiempo y les toma 2 o mas años preparar peliculas,sea por estar escribiendo el guion,una pre/post produccion muy larga o lo que sea. Bueno esta es la contrapartida,dado que la vida util de los directores no es muy larga(40 años en el mejor de los casos) significa que los que trabajan asi van a tener entre 10 y 20 peliculas,cada “error”,por la razon que sea,puede ser costosisimo.

    Como sempre un placer leerte Adrian espero que puedas seguir escribiendo mas seguido

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  2. Hola Adrián.

    Estoy de acuerdo con la crítica. Muy floja y aburrida y dura demasiado para lo que es. Vaya decepción me llevé yo también, más con toda la promoción que hubo tras ella y todo el culebrón que se montó con la filtración. Hasta se me da por pensar que Tarantino no quería dirigirla más bien porque no le terminaba de convencer ni a él mismo su guión y se inventó luego todo ese rollo de la filtración, pero bueno eso ya es una película que me montó yo sólo, jaja.

    ¿Has podido (o querido) ver Split, la nueva de Shyamalan, o ya has perdido completamente la fe en ese hombre…? Me parece una peli interesante de la que hablar porque, a pesar de haber arrasado en taquilla, no me parece tan interesante como le debe parecer a los demás, creo que tiene sus cosas flojas (aunque me ha gustado) y, por otra parte, me parece una peli bastante difícil, alejada del gusto del público general, más en la línea de El incidente o la Joven del agua (aunque bastante lejos de la calidad, sobre todo, de esta última), que son precisamente algunas de las más abucheadas del director, por lo que me extraña su enorme éxito, seguramente por parte de los mismos que renunciaban por aquel entonces de Shyamalan…
    La razón por la que me parece que esta más en la línea de esas dos que he mencionado es quizá porque requiere de una cierta fe por parte del espectador para aceptar algunas cosas que suceden en la película. No sé que pensarás tú (si has visto la película) o cualquiera que se anime a comentar sobre ella.

    Un saludo y un abrazo enorme.

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  3. Hola, perdona que haya tardado tanto en responderte.

    La nueva de Shyamalan tiene buena pinta, sí. Quizá jamás llegue de nuevo a los niveles de ‘El sexto sentido’ o de ‘El protegido’, pero puede que se recupere pronto.

    Abrazos para tí también.

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  4. Hola Adrián,

    Primero que nada, y después de leer los comentarios previos, espero que todo vaya mejor.

    Creo que no compartiría toda la severidad de tu crítica, pero, por un lado, reconozco que no tengo la película suficientemente fresca para argumentar como se debe al respecto (sólo la vi en su estreno). Y, por el otro, más allá de matices y discusiones, me parece evidente que un mera ponderación con el conjunto de la obra de su director indica claramente que “The hateful eight” es la menos inspirada de las películas de Tarantino. Una lástima porque aspectos como la música de Morricone, el regreso a la filmografía tarantinana de rostros como Roth o Madsen o la tan cacareada fotografía en Panavisión 75 mm, que hubieran podido poner el broche de oro a otra película, quedan como casi como meras curiosidades, sin mayor trascendencia.

    De entre las impresiones que tuve mientras veía el filme y que aún recuerdo, una fue la idea de que el vínculo reivindicado que Tarantino establece entre su película y “The Thing” resulta de hecho hasta perjudicial para el visionado: lo que para Carpenter es, justamente, creación de una atmósfera tremendamente opresiva y pesimista a partir de la pura acción, en Tarantino brilla por su ausencia: nada más lejos de la logorrea tarantiniana que el guión de The Thing.

    Al menos en mi experiencia personal, poco favorecedor fue el contraste con “The Revenant”, estrenada más o menos por las mismas fechas. Aunque soy consciente que formalmente poco o nada permite la comparación, las películas comparten ciertos temas y motivos y, sobre todo, el mismo medio ambiente extremoso, nevado y gélido. Pero de ese ambiente, Iñárritu, creo, es capaz de sacar muchísima más tensión y más verdad. No sé si ya hayas tenido la oportunidad de ver “The Revenant” y si algún día, si el tiempo o las ganas lo permiten, querrás hablar más de ella.

    Un saludo y ánimo con todo,

    Guillermo

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    1. Hola Guillermo

      En realidad, nada va mejor.

      Centrándonos en la película, veo que tenemos sensaciones parecidas. Y quizá haya, como tú mismo señalas, y otras fuentes insisten, un cierto “homenaje” a The Thing en esta endeble película. Yo no sé muy bien qué le paso a Tarantino en esta ocasión (y esperemos que se recupere y no vuelva a caer en este desastre) pero nada funciona de lo que quiere conseguir en la pantalla. Roth y Madsen, dos fantasmas sin entidad. La violencia, de chiste. Los diálogos, malísimos. La historia, predecible y sin gracia ni ingenio.

      No he visto The Revenant. Hace ya algún tiempo que no veo nada de cine, ni me apetece. Los filmes con un ambiente extremo, de supervivencia, siempre me atrayeron. Quizá esté bien.

      Un abrazo.

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  5. Hola Adrián,

    Lamento reponder con tanto retraso y sobre todo lamento que las cosas no se hayan solucionado. Ánimo con todo.

    Además de cosas mundanas como el trabajo, el otro motivo que frenaba mi respuesta era encontrar el tiempo para lanzarme en la revisión de The Hateful Eight. Para no hacer el cuento más largo, diré que, aunque quizá estuviera predispuesto por todo lo que aquí se ha discutido, efectivamente la encontré muy decepcionante, sobre todo tratándose del director del que se trata (si algún consuelo queda es que, a mi juicio, incluso un mal Tarantino como éste es menos indigesto que, por ejemplo, un mal Coen como es la desesperante y tan pagada de sí misma “No Country for Old Men”). Nunca antes en un Tarantino me había cansado una actuación de Samuel L. Jackson, quien aquí declama los diálogos de modo excesivo, escuchándose hablar, tan autocomplaciente como su compadre. En fin, a sabiendas de que casi ninguna filmografía es pareja, queda esperar que sólo sea un tropiezo y que se recupere, como dices.

    Conociendo tu afición por el “gran cine de aventuras” (gran ciclo de reflexiones que aprecié bastante en su día) es que me permito recomendarte The Revenant, lo mismo que la potente, y melancólica a la vez, “The Lost City of Z” de James Gray. Más allá de escribir aquí o no, ojalá te puedan distraer y consolar.

    Abrazo de vuelta.

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    1. Hola, amigo Guillermo

      Pues no he visto ni ‘The Revenant’ ni ‘The Lost City of Z’, aunque quiero ver ambas. Son buenos directores, además, que siempre tienen algo que decir.

      Para mí, ‘The Hateful Eight’ es la representación más mundana del cine Tarantiniano: superficialidad, frivolidad, autocomplaciente parloteo. Además, adolece de dos defectos que me sorprenden en este cineasta: es completamente aburrida y predecible. Su ostentoso formato visual y la buena música de Morricone están muy por encima de la inspiración de un Tarantino que no sé muy bien qué pretendía.

      Tampoco pasa nada. Esta película no va a hacer que disfrutemos menos de ‘Reservoir Dogs’, ‘Kill Bill, vol. 2’ o ‘Django Unchained’, que creo siguen siendo sus películas más redondas. Otros directores que hacen una película al año o parecido (como los sacralizados Eastwood y Allen) se equivocan mucho más que el bueno de Quentin, y la gente sigue poniéndoles en un pedestal como si todo lo que hicieran fuera irrepetible y genial. En fin…

      Por cierto que según dice el propio Tarantino, le quedan dos películas más, pues quería hacer diez largometrajes en su vida y no pasar de los sesenta años haciendo cine, cualquiera sabe por qué. Así que, por una parte, poco margen le queda para equivocarse, y por otra, quizá pueda hacer por fin la gran obra maestra que rubrique una carrera que, pese a quien pese, será mítica dentro de veinte o treinta años.

      Gracias por los ánimos.

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