La vida de Pi (2012), de Ang Lee

Existe un cierto tipo de películas que exigen del espectador un determinado estado de ánimo. La vida de Pi (Life of Pi, Ang Lee, 2012), es una de ellas. Como  La joven del agua (Lady in the Water, Shyamalan, 2006), Ordet (Dreyer, 1955) o incluso El espíritu de la colmena (Erice, 1973), son esas películas en las que se espera del espectador que acabe bajando esas defensas armadas ante el vendaval de cine tradicional o habitual, para entregarse a un cuento en el que la verosimilitud, o incluso las creencias terrenales, desaparezcan. Hablamos, por supuesto, de un cine profundamente espiritual no exento de un anclaje evidente a lo visible y material, a lo pedestre y prosaico. Este tipo de cine, qué duda cabe, puede repeler a bastantes aficionados al cine, pero si uno se deja llevar por su lógica y sus imágenes, este cine puede acceder a zonas de la emoción y el espíritu que para otras películas está vedado. Y Ang Lee, uno de los directores vivos más misteriosos e inteligentes del mundo, lo sabe perfectamente.

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Es Lee un tipo extraño, apacible, inclasificable. En su apasionante carrera, pese a no ser muy prolífica, cabe prácticamente de todo. En esa trayectoria ha demostrado ser un cineasta políglota, errante, capaz de asimilar textos y culturas en principio muy alejadas de sí mismo, que él, con una sensibilidad impresionante, es capaz de convertir en propias y ponerlas en imágenes. Así, ha podido reflejar en las pantallas su principal obsesión: la ruptura entre la tradición y la modernidad…ruptura que a sus ojos puede ser violenta y asfixiante, pero también llena de humanidad y clarividencia. En La vida de Pi (después de sumergirse en la cultura británica de hace dos siglos con Sentido y Sensibilidad (Sense and Sensibility, 1995), en los cambios sociales norteamericanos de los años setenta con La tormenta de hielo (The Ice Storm, 1997), en el western con Cabalga con el diablo (Ride with the Devil, 1999), en el wuxia chino con Tigre y Dragón (Wò hǔ cáng lóng, 2000), o incluso en el cine de superhéroes con Hulk (2003), sin olvidar la inolvidable Brokeback Mountain (2005), probablemente su obra maestra) hace suyas la tradición y cultura hindú, y el resultado es una experiencia difícil de olvidar.

El núcleo esencial de La vida de Pi es, por supuesto, el viaje que el joven protagonista y el tigre de bengala, supervivientes de un hundimiento, comparten en mitad del océano Pacífico. Pero la película no es, en absoluto, únicamente eso. Es, en realidad, una lúcida reflexión sobre los resortes de los cuentos, y más al fondo, un terrible ensayo sobre el miedo y la pérdida. Lee, tomando de nuevo la sencillez y la honestidad como pilares de su dirección, nos lleva de la mano a las profundidades de una vida que no se queda en ese viaje por el océano, sino que viaja a la infancia y al presente del protagonista. Basándose en la novela homónima de Yann Martel, adaptada por David Magee, Lee y sus colaboradores, sin el menor rastro de divismo o impostura, consiguen algunos de los momentos más deslumbrantes, y algunas de las imágenes y sonidos más excelsos, del cine reciente. Porque a pesar de las evidentes lecturas religiosas de este texto, destaca ante todo la puesta en escena y la estrategia del director para emocionarnos, es decir, el puro cine, imágenes en movimiento, con las que Lee, en su compleja sabiduría de este arte, y en un relato tan difícil de llevar a buen puerto, hace fácil lo difícil.

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Y así, aunque lo que estamos viendo se nos antoja difícil de creer, porque es casi imposible, terminamos, algunos, bajando las defensas y dejándonos llevar. La espléndida fotografía del chileno Claudio Miranda, en perfecta sincronía con el sentido visual de Ang Lee, tiene bastante que ver. También la impecable interpretación de Suraj Sharma (quien lleva sobre sus hombros casi todo el peso de la película) así como de todo el reparto. No es La vida de Pi un filme grandioso o magistral, pero como relato, como pedazo de cinematografía, es muy difícil reprocharle nada, porque la diferencia entre lo que busca y lo que encuentra es, a mi parecer, inexistente. Momentos indescriptibles como el del tigre nadando hacia el protagonista (puro suspense), o la ballena devorando las provisiones del protagonista (pura comedia y espectáculo), dejan con la boca abierta. Y el ambiguo final, que a algunos no convenció, a mi parecer es el broche perfecto a esta experiencia, que tira de lo mejor de nosotros aunque haga resucitar algunos demonios.

Ya se anuncia la siguiente película de este director, que podrá verse en Estados Unidos en noviembre, y que por lo que parece va a adentrarse en la guerra de Irak y a cuestionar la versión oficial de algunas “heroicidades” norteamericanas. Mejor o peor, seguramente no tendrá nada que ver, o casi nada, con la mayoría de las películas que nos llegan de ese país, como suele ser habitual en Ang Lee, un verdadero director y un gran artista, quien aún en sus películas menos redondas siempre sabe meter el dedo en la llaga con ese bisturí en forma de cámara que él emplea como si respirase.

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One thought on “La vida de Pi (2012), de Ang Lee

  1. Mis saludos Adrian, mucho me lamente cuando paso por los cines de mi país, y no tuve la oportunidad de verla con todos los detalles y como me comentaron algunos amigos, un gran uso del 3D, donde según me comentaron, dio un mayor campo de profundidad a las escenas en el mar y quedaron fabulosas. Obviamente después la pude disfrutar en casa, y ya va la cuarta que la veo y siempre me fascina a cada nuevo visionado, es una obra muy personal que solo Ang Lee pudo sacar adelante. Y un detalle, en todo momento nos muestra la increíble experiencia del chico, pero cuando se le presiona para que diga la verdad, lo insinúa, sin imágenes; solo insinuándonos, demostrando que lo imposible es posible y viceversa en un viaje espiritual y personal de descubrimiento.
    Gran Articulo. Y me hiciste acordar de otra película esta vez con Robert Redford All is lost (Cuando todo esta perdido), en cuanto a temática es mas o menos igual a La Vida de Pi, pero en la intención va por otros rumbos, personalmente me gusto mucho y le encontré interesante.
    Desde ya mis saludos desde el otro lado del continente. Mis saludos y respetos

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