El juez (2014)

En la historia del cine, por supuesto no solamente reciente, existen muchas películas condicionadas por sus actores-estrellas, y creo que es un ejercicio interesante verlas, siempre con las herramientas adecuadas, porque a pesar de que la mayoría de ellas quedan muy por debajo de lo que podrían haber sido, o de lo que el espectador sin recursos ni preparación puede percibir, algunas como El juez (The Judge, David Dobkin, 2014) poseen valores bastante interesantes, que podrían haber dado algo realmente importante si el director hubiese tenido más voz, y las estrella menos. Pero una vez más queda claro que el cine es un artefacto muy caro, que por desgracia el que pone la pasta es el que tiene la última palabra, y, por encima de todo, que muy pocas estrellas, contadas con los dedos de una mano, han sabido construir proyectos personales que hayan sido buenas películas.

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Se trata El juez de un drama familiar y judicial preparado con esmero, con un buen grupo de actores, un estimable empaque técnico, y una historia sin duda potente y llena de aristas morales estimulantes. Y lo que esta película quiere conseguir es erigirse en otra Gran Película Americana, con humor, amor fraternal, algo de dureza y sordidez sentimental, secuencias vibrantes, diálogos veloces, suspense alrededor del caso judicial…Y por supuesto Robert Downey Jr., que no por casualidad es productor ejecutivo de la cinta, se proporciona un papel estelar, en el que poder lucirse como actor-estrella, con buenas escenas, los mejores diálogos, la mayor presencia en pantalla. Es el juego y es como funciona gran parte del cine actual, sobre todo el norteamericano, se quiera o no, pero quizá por ello El juez no termina de ser la buena película que podía haber sido. Porque termina siendo demasiado fácil, con escaso o ningún riesgo formal, con demasiadas ideas y conceptos muy “americanizados”, por mucho que intente salirse un poco de norma.

La historia, sin duda, está bastante bien: una familia con un pasado bastante turbulento en lo emocional, sufre la pérdida de la madre, y se reúnen los tres hijos con el padre (Robert Duvall), que es juez y tiene un humor de perros, y saltan chispas sobre todo con Hank (Downey Jr, claro), con el que no se habla desde hace veinte años. Al poco tiempo, este padre ex-alcohólico sufre un accidente con su furgoneta y todo parece indicar que ha atropellado a una persona que conocía, y el hijo, que es un prestigioso abogado, tendrá que limar asperezas con su padre para poder defenderle. Este punto de partida, y la forma en que se deshilacha el pasado familiar, y las situaciones que vamos presenciando, están bastante bien, pero el guión adolece de previsibilidad y una construcción endeble, que luego el casi desconocido director David Dobkin (cuyos créditos no impresionan, centrado sobre todo en comedias bobas) no sabe o no puede poner en pantalla con la contundencia y el tono necesarios.

Creo que Downey Jr. es un buen actor, y que posee herramientas de sobra para cumplir con su papel con garantías. Sin embargo, siendo uno de los intérpretes más famosos del mundo, y con cierta tendencia a darse facilidades a sí mismo, desaprovecha la oportunidad de ser menos divo y de sufrir más con su personaje. Llama a la puerta, pero se queda a medias de todo, como la película. A su lado el gran Robert Duvall, hacia quien cualquier elogio se queda corto, vuelve a demostrar que es uno de los más grandes de su generación, y clava como sin esfuerzo a su atormentado, y avejentado, padre y juez, para quien la redención es lo único que le queda de una vida que se apaga.

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Incluso la excelente fotografía de Janusz Kaminski, que lleva más de veinte años siendo el operador exclusivo de Steven Spielberg (como muchos lectores sabrán), o la inspirada música de Thomas Newman, quedan mecánicas, sin fuerza. Demasiado calculado todo, auto-consciente y falto de riesgo y emoción verdaderas, porque el director, que es el único que debe estar en todas las fases de creación de una película, y decidir en todos los aspectos estéticos de una película, está ausente, y ese tono aludido que debió ser melancólico a ratos, y vibrante en otros, se diluye en otro más familiar y agradecido, por mucho dolor que quieran mostrarnos en pantalla. Podría haber sido una estupenda película, esta El juez, pero se queda en la fantástica presencia de Duvall, la esforzada y diva interpretación de Downey Jr., y en algunas secuencias bastante logradas, pero no es suficiente para lograr un conjunto de altura.

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