La base científica en Alien (1979) y Aliens (1986)

Las dos primeras películas de la tercera saga galáctica (después de Star Wars y Star Trek, por supuesto) más importante y emblemática de la historia del cine, además de ser dos buenos largometrajes que se sostienen con notable entereza a pesar del paso del tiempo, son dos buenos ejemplos de lo que en la entrada publicada hace pocos días (un ensayo que escribí hace casi tres años) explicaba de lo que creo que debe ser una buena sci-fi, cumpliendo con los tres preceptos básicos:

1. Una base científica como disparadora del relato. Quizá no muy probable pero sí posible desde un punto de vista teórico. No se trata de hacer un documental de ciencia.

2. Que esa base científica conecte de forma emocional y psicológica con los personajes. Es decir, que estos no sean meras sombras, sino catalizadores y sufridores de las consecuencias tecnológicas o científicas.

3. Independientemente de que la historia transcurra en el futuro, en el presente, o incluso en el pasado, el tono es fundamental. Ha de ser pesimista, seco, áspero. Sin florituras ni ramalazos poéticos que fácilmente pueden hacerle caer en lo simbólico, lo parabólico o lo trascendental.

alien1

Sin embargo por una parte es cierto que al tratarse de dos títulos abiertamente comerciales, con naves espaciales y monstruos alienígenas, podría parecer que se trata de una sci-fi superficial, al igual que tantas otras (no en vano tanto Star Trek como Star Wars tienen naves espaciales y alienígenas, pero no son sci-fi). Pero por otra parte, me parece apasionante diseccionar, más allá de esos tres puntos básicos, o más bien profundizando en ellos, el universo de estas dos películas, porque detrás de sus imágenes late una concepción del mundo y del futuro del hombre muy nítido y revelador, y que sin duda las sitúa dentro de ese “cine profético”, tal como yo designo a la mejor sci-fi. Veamos por qué.

Un futuro capitalista despiadado

Una de las razones por las que a algunos tanto nos fascina la sci-fi, es que suele acertar en sus predicciones, o por lo menos sucede que lo que nos cuenta parece muy cercano respecto a lo que está sucediendo en el mundo real. Desde hace dos décadas, la sociedad capitalista ha devorado al libre comercio y al libre pensamiento, y ha establecido unas normas comerciales despiadadas, que son por las que se rigen los gobiernos, absolutamente rendidos a los pies de las grandes multinacionales. Hoy día, los líderes democráticos no tienen poder frente las farmacéuticas, las compañías energéticas, los contratistas de defensa. Y cada vez es peor. Y todos lo sabemos, aunque no queramos saberlo. No es descabellado imaginar que en un futuro tal cosa irá a peor.

Porque en el fondo siempre ha sido así. Frente a las necesidades o ambiciones de grandes compañías, los derechos humanos no se contemplan, son secundarios. Se vanagloriaba Ridley Scott, tal vez con razón, de que Alien (1979) fue la primera película que incorporó la paranoia corporativa. Es decir, la certeza de que no importa que mueran unos cuantos asalariados si la compañía que les paga consigue beneficios astronómicos. En la película de Ridley Scott, un grupo de transportistas espaciales, a bordo de la nave Nostromo, viaja hacia la Tierra arrastrando un inmenso remolque que probablemente carga productos recogidos en un planeta muy lejano. El hiper-sueño de la tripulación se ve interrumpido cuando supuestamente se recibe una señal de socorro de un planeta cercano, y la inteligencia artificial que controla la nave, despierta a los siete compañeros. La verdad es muy otra, por supuesto, y es que la compañía sabe que en ese planeta remoto pueden entrar en contacto y recoger una muestra, de un especimen alienígena. Incluso el oficial médico es reemplazado secretamente por un droide que va a asegurarse de que el especimen llegue a la Tierra.

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La historia es de sobra conocida: el especimen se introduce en la nave, provoca una masacre, y sólo Ripley vive para contarlo, expulsando milagrosamente al xenomorfo de la nave de rescate en la que ella ha escapado. En un mundo, el nuestro, en el que carecen de derechos laborales los trabajadores de una industria textil con una sede en un país lejano, cuando el decrépito edificio en el que trabajan se viene abajo, no es ninguna locura imaginar que si llegamos a establecer colonias espaciales, se haga lo mismo con esos asalariados. Y si Stephen Hawking, una de las luminarias más excelsas del mundo contemporáneo, afirma que sería mejor no atraer la atención de probables alienígenas, porque seguramente serían hostiles y provocar nuestra destrucción, tampoco es una locura imaginar que el alien que nos encontremos no es exactamente como el que nos pinta Steven Spielberg en sus películas. A fin de cuentas, la curiosidad mató al gato.

Ciertamente, el vibrante filme de Ridley Scott se centra sobre todo en la aventura del grupo de compañeros, intentando buscar la forma de acabar con el intruso y así salvar sus vidas. Solamente en el episodio en el que el droide es descubierto y explica las razones de la interrupción del viaje, accedemos a la aterradora verdad. Esa nave espacial gótica, sobrecogedora, llena de recovecos y sonidos espeluznantes (hay que reconocer que Scott es un genio en la creación de atmósferas), convierte a la aventura en un cuento de terror y frenesí, casi como un relato mitológico en el que los héroes tratan de encontrar la salida del laberinto mientras les persigue el minotauro. Aún así, su componente sci-fi creo que es insoslayable, porque nunca la exploración espacial resultó una amenaza tan terrorífica.

Sin embargo la segunda parte indaga de manera aún más nítida y apasionante, a la vez que desoladora, en los rasgos propuestos por la primera, profundizando en su paranoia corporativa y proponiendo muchos más elementos de sci-fi que la convierten en una pieza esencial del género. En Aliens (1986), Cameron se propuso seguir los pasos de la pieza anterior, y llevarlos mucho más allá, sin traicionar el espíritu de la película original, pero aportando su propia visión.

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Un descubrimiento es siempre una intromisión violenta en el mundo natural. Y cuando ese mundo natural es igualmente violento, podemos encontrarnos con problemas. La corporación, ahora llamada Weyland-Yutani (probablemente un conglomerado de compañías anglosajonas y japonesas, por lo que indica su nombre) no iba a dejar la oportunidad de estudiar y sacar provecho del especimen descubierto, y con la ayuda de un arribista burócrata, Carter Burke (fenomenal Paul Reiser) aprovecharán una recién fundada colonia implantada en el planeta LV-426 para ir en busca de nuevo del famoso especimen, aunque costase la vida de todos los colonos. A fin de cuentas, la corporación, además de dedicarse a la terraformación (la fabricación de una atmósfera artificial, semejante a la terrestre, para poder vivir en otros planetas) o a la colonización, también tiene negocios en la industria armamentística, y la película de Cameron es prolija en la descripción de las armas o naves espaciales construidas con el fin de colonizar y erradicar amenazas potenciales.

De poco les sirve, por supuesto, frente a una horda de xenomorfos dispuestos (cual kamikaze o yihadista radical) a perder la vida con tal de destruir a los invasores. En el relato de Cameron, los comandos del ejército nos recuerdan, en actitud y prepotencia, a los de la Guerra de Vietnam, porque es misión de la sci-fi recordarnos que seguiremos cometiendo los mismos errores una y otra vez. Y que no hay mayor amenaza para el futuro, que la ambición desmedida y el desprecio por la naturaleza. Ya se lo dice Ripley a Burke: “al menos (los aliens) no se matan entre ellos por un maldito porcentaje”.

Espero haber dejado por escrito mis ideas de la forma más completa posible. Y espero comentarios, claro, añadiendo lo que posiblemente me falte, y otros puntos de vista que puedan enriquecer este tema.

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2 thoughts on “La base científica en Alien (1979) y Aliens (1986)

  1. Muy interesante, como siempre, Adrián!

    Antes que nada déjame decirte que te vengo siguiendo la pista desde hace ya algunos años, desde que te descubrí en aquel espacio de cuyo nombre no tienes ganas de acordarte, supongo, je, je! ¿No? En el que, conforme pasaba el tiempo, entraba en él únicamente buscando tus posts (dejando pasar los demás…”escritos”), y es que yo sólo soy un “aficionado” al cine, pues no puedo decir que soy un Cinéfilo, he visto poco cine, la verdad; por lo que quería aprender o saber la opinión de alguien más sobre algunos directores o películas concretas.
    Pero bueno, para no hacer esto más largo entremos en el tema: en el tercero de lo que llamas, preceptos básicos, dices que el tono ha de ser pesimista, en lo que estoy totalmente de acuerdo, después de todo el Ser Humano está siempre involucrado y, a estas alturas de la Historia ¿Quién puede ser optimista tratándose del ser Humano…? Pero luego dices que no puede caer en simbolismos, y es aquí donde discrepo, pues, hablando de cine, de imágenes, sobre todo, ¿no son, los símbolos, inherentes al cine, en una buena película, y ni que decir en una Obra Maestra -que no es el caso, por supuesto-? Y no digo que forzosamente deba incluirlos, tampoco, pero que sí pueda tenerlos, como un chispazo, como un guiño del director para ver si logra acceder por un instante a la Consciencia del espectador y provocar que ese mismo pesimismo le sacuda y le despierte y que al encenderse las luces, al final de la función, se levante y se vaya con algo más dentro de sí, para que el visionado no se quede en un mero entretenimiento. Pienso que eso nos hace falta como Especie, si queremos seguir en este planeta por lo menos otro milenio.

    Gracias por tu paciencia, saludos desde México!

    Rodolfo Montalvo.

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    1. Hola Rodolfo

      Quizá tengamos conceptos distintos sobre lo que significa simbolismo, pero no, no creo que el cine necesite de ellos, y por extension tampoco la sci-fi.

      Por supuesto que muchos directores incluyen simbologia, pero una imagen no deberia ser nunca simbolo de otra cosa. Puede ser quizá metáfora o puede trascender la mera apariencia para ser algo mas que lo que meramente se representa. Pero por definición un simbolo es la representacion de una idea, mediante una asociacion socialmente aceptada, y una imagen deberia valerse por si misma, sin necesidad de ponerse como un altar para una idea.

      En la sci-fi, que necesita sequedad, precisión, despojamiento, caer en el simbolismo, a mi parecer, es el peor de los errores.

      No sé si he conseguido responder a tu pregunta. Espero que sí y muchas gracias por leerme

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