Ficción Científica: El cine como profecía

*Rescato en este espacio de cine un breve ensayo que ya tiene casi 3 años (¡cómo pasa el tiempo!), que publiqué en mi blog personal, y que ha sido motivo de conversación con un buen lector mío y que también seguramente pueda ser de interés para otros. 

children of men

La Sci-Fi es una forma de relato plenamente anglosajona. En nuestro país se tradujo chapuceramente como Ciencia-Ficción, o Ciencia Ficción, cuando en realidad es mucho más ajustada una traducción literal con los términos invertidos. Es decir: Ficción Científica. Según los estudiosos, comenzó en la literatura a partir de la creación de la seminal novela de Mary Shelley Frankenstein o el Moderno Prometeo en 1818, y desde entonces, con pronunciados altibajos tanto en su altura estética, en su pertinencia, y hasta en su producción, hasta nuestros días, hemos tenido narraciones de Sci-Fi. Por tanto, hablamos de un género que podría estar cerca de las dos centurias de existencia y que, para quien esto suscribe, es el género profético por excelencia. Pero también el género, o la forma narrativa, más adulterada. Por eso conviene reflexionar a fondo sobre ella.

Yo no soy un experto. Ni en literatura, ni en cine. Ni pretendo serlo. Por eso no voy a citar volúmenes, estudios, análisis ni monográficos sobre el tema. He leído ya muchos en papel, que no me han convencido, y algunos en internet, la mayoría escritos por gente sin preparación, que simplemente repite esquemas ya expuestos hasta la náusea y que nada aportan. Desde que me puse a dar teclazos en un ordenador he escrito siempre desde mis convicciones personales y desde mi reflexión más honesta. Es decir, desde mis pasiones. Y creo que es lo más conveniente y lo más honrado. Porque solo puede escribirse desde la experiencia, y desde los gustos personales. Y no hay nada más difícil que edificar un gusto personal hoy día.

Pareciera que en el interior de la etiqueta “Sci-Fi” cabe de todo, o casi. Siendo uno de los géneros más pesimistas, es irónico y hasta llamativo que el gran público siempre esté dispuesto a pagar por ver una Sci-Fi edulcorada, o simplemente una aventura con naves espaciales o alienígenas. Es sinónimo de pereza intelectual pretender que el cine esté ahí para divertirnos, en lugar de para despertarnos y golpearnos, como cualquier otra forma de arte. Como yo creo que el cine, pese a situarse en franca, casi humillante, inferioridad, respecto a otras formas de arte, sí puede ser una manifestación de las bellas artes, pues creo también, por necesidad, que la Ficción Científica puede y debe aspirar a más. Si el cine de Ficción Científica ha parido, en sus más bellos ejemplos, algunas obras deslumbrantes e imperecederas…¿por qué se debe considerar gran Sci-Fi a títulos que ni siquiera pertenecen a ese género, o siquiera considerarlas como buen cine? Me cuesta comprenderlo. Tratemos de establecer parámetros y mimbres para aclarar este embrollo en el que se ha convertido la Sci-Fi actual.

Nada más lejos de mi intención que establecer verdades absolutas, pero la Ficción Científica nació con una vocación muy clara no de contar fantásticas aventuras en otros planetas, sino de advertir de lo que el futuro podía deparar al hombre. Por supuesto que hay híbridos muy estimulantes, de los que voy a hablar a continuación, pero podemos empezar dejando claro los rasgos imprescindibles de lo que yo consideraría una Ficción Científica en su forma más plena:

1. Una base científica como disparadora del relato. Quizá no muy probable pero sí posible desde un punto de vista teórico. No se trata de hacer un documental de ciencia.

2. Que esa base científica conecte de forma emocional y psicológica con los personajes. Es decir, que estos no sean meras sombras, sino catalizadores y sufridores de las consecuencias tecnológicas o científicas.

3. Independientemente de que la historia transcurra en el futuro, en el presente, o incluso en el pasado, el tono es fundamental. Ha de ser pesimista, seco, áspero. Sin florituras ni ramalazos poéticos que fácilmente pueden hacerle caer en lo simbólico, lo parabólico o lo trascendental.

A partir de estos preceptos, es fácil abordar la producción anual de Sci-Fi y desentrañar lo que es una propuesta ambiciosa dentro de su marco, un maridaje quizá interesante entre este y otros marcos, o simplemente una película de fantasía. Por ejemplo, por mucho que algunos se empeñen, Star Wars (George Lucas, 1977) no lo es, así como ninguno de sus precedentes u otros títulos posteriores de naves espaciales. Todo eso es fantasía, porque carece de la más leve base científica, no habla del futuro del hombre, no posee un tono Sci-Fi rotundo. Y es que no es tan fácil hacer Ficción Científica, aunque se postulen a serlo muchas películas, basadas o no en míticas novelas de Sci-Fi. No lo son, por cierto, las cientos de películas de terroríficos extraterrestres, de viajes interestelares. Sin embargo, sí lo puede ser una película en la que no exista ni una nave, ni un extraterrestre, ni siquiera un artilugio tecnológico, como por ejemplo Stalker (Andrei Tarkovski, 1979), porque posee una base científica, porque su tono es perfecto, y porque habla del futuro del hombre.

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No existen pocas películas que, con un fondo de Sci-Fi, es decir, con una escenografía y algunos iconos preestablecidos, juegan a serlo para intentar ser otra cosa. Más allá de su valor, que puede ser discutible en algunos casos, resulta tan lamentable como calificar de western a toda película en la que salga un individuo con revólver y sombrero que masque tabaco. El marco de un género está ahí para algo. Para violarlo o trasgredirlo, si se quiere, pero desde la cultura cinematográfica, no desde la anticultura. Quizá hasta para subvertirlo, pero desde la inteligencia y el ingenio, no desde el oportunismo. En esos casos ocurre como en el rock, en el que todo cabe, al parecer, y que por eso ya se encuentra tan desvirtuado, tan aguado. Sin querer ser un purista, pues existen no pocos títulos bastardos entre géneros que me parecen maravillosos, lo que trato es de fijar un trazado en el que poder analizar con mayor rigor lo que se nos presenta en pantalla, lo que nos brindan las imágenes.

Cuando H.G. Wells irrumpió en la literatura de ficción de finales del siglo XIX, sentó las bases casi definitivas sobre lo que, en el siglo XX, sería la Sci-Fi más interesante y valiosa. Al contrario que Julio Verne, que era un hombre de gran inventiva e ingenio, Wells se interesó sobre todo por el hombre, y por el impacto que los descubrimientos y avances de la ciencia podían llegar a provocarle emocional, sociológica y psicológicamente. Hombre de gran cultura, creó una vasta obra en la que a lo científico o divulgativo se unía un espíritu filosófico de primera categoría. Incluso sus relatos más impregnados de ideología, en los que la metáfora social era más evidente, resultan apasionantes en su disgresión sobre la naturaleza humana, que es a fin de cuentas lo que le interesa al gran arte. Posteriores luminarias como Ray Bradbury o George Orwell, que tanto aportaron al género en la literatura, parten sin duda de ese espíritu, mientras que creadores de otras órbitas como Stanislaw Lem incidían en aspectos mas existencialistas e incluso nihilistas. Pero el objetivo de los más grandes siempre fue el mismo: alertar, criticar, cuestionar, anticipar.

La Ficción Científica, la mejor, tiene la obligación de ejercer de faro, de visionaria alerta de los tiempos que vienen, como única forma de ser más conscientes, todos, de lo que se avecina por los errores del presente o del pasado. Tiene que cuestionar, que meter el dedo en la llaga, que aplastar anímicamente. Puede hacerlo desde la conmoción, la visceralidad o lo íntimo, pero ha de ser certero y atroz. En caso contrario es otro tipo de cine, bastante menos interesante. Por eso creo esencial escribir aquí una suerte de jerarquía o de clasificación de algunas famosas películas de Sci-Fi, para que el lector tenga un concepto más claro de lo que intento explicar.

1. La Sci-Fi como metáfora o parábola de otra cosa

Blade Runner (Ridley Scott, 1982), El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin Schaffner, 1968), Cube (Vincenzo Natali, 1997), 2001, una odisea del espacio (2001, A Space Odissey, Stanley Kubrick, 1968), E.T., el extraterrestre (E.T.: The Extraterrestrial, Steven Spielberg, 1982), Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence, Steven Spielberg, 2001) La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956), El show de Truman (The Truman Show, Peter Weir, 1998), Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951), entre otras.

Más allá de su calidad o vuelo estético (que en los casos de las cintas de Siegel o de Schaffner yo creo es indiscutible), este tipo de Ficción Científica es menor, porque en ellas se emplean los mimbres del género no para hablar del hombre, sino para ensalzar ideas. Es decir, son demasiado intelectuales. Esto es evidente en las tan sobrevaloradas, en mi opinión, de Scott y Kubrick, que se sustentan excesivamente en una escenografía y unas ambiciones narrativas grandilocuentes, pero que están vacías de emoción y de pertinencia en el género. Pero incluso La invasión de los ladrones de cuerpos es un alegato en contra del McCarthysmo, y El planeta de los simios es una parábola sobre la sociedad humana. Sin embargo su intensa emoción las convierte en algo muy poderoso. La de Spielberg es emotiva y con grandes momentos, pero habla, al igual que la de Weir, de la relación del hombre con Dios de forma demasiado evidente y edulcorada. En los 50, para empezar a maltratar el género, se hicieron muchísimas películas de propaganda anti-comunista, disfrazadas de viajes espaciales al planeta rojo y cosas parecidas. Ahorro al lector la urticaria que me producen tales realizaciones.

2. Mala o falsa Sci-Fi

Parque Jurásico (Jurassic Park, Steven Spielberg, 1993), El mundo perdido (The Lost World, Steven Spielberg, 1997), Desafío total (Paul Verhoeven, 1999), Trilogía Matrix (Hermanos Wachowski, 1999-2003), Contact (Robert Zemeckis, 1997), Inception (Christopher Nolan, 2010), Dune (David Lynch, 1984), Stargate (Roland Emmerich, 1994), Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997), Men in Black (Barry Sonnenfeld, 1997), El quinto elemento (The Fifth Element, Luc Besson, 1997), y muchas otras.

Filmes como estos desvirtúan y vuelven la Ficción Científica un embeleco, o un relato conservador hasta extremos inconcebibles. Yo como espectador puedo disfrutar, y mucho, de la película de Sonnenfeld, o la de Verhoeven, pero de ahí a considerarlas gran cine o buena muestra de Sci-Fi, media un abismo. Que los directores hagan lo que quieran y que los espectadores paguen por ver lo que les apetezca, pero un filme tan mal dirigido, horriblemente interpretado y penosamente escrito como Parque Jurásico, que además adolece de un concepto de la aventura en verdad lamentable, y un intento de hacer Sci-Fi que la vuelve un juego de niños, por muy lujoso (pienso en las de Nolan, o Zemeckis) o espectacular que quiera ser. Este es un género muy importante, y ver a directores, algunos de talento, queriendo dar gato por liebre, me parece deleznable. Sobre los espantos de Besson o los Wackoswski qué decir… productos predigeridos, que plagian todo lo que el espectador medio no conoce previamente, y que da muestra de su pobreza intelectual y cultural. En cuanto a la de Lynch y cosas parecidas, como los Star Trek (que alguno bueno hay) ni es Sci-Fi, ni lo será jamás. Insisto aún a riesgo de resultar cansino: por poner naves espaciales y monstruitos no se está necesariamente haciendo Sci-Fi, bajo mi punto de vista.

3. Aventura Sci-Fi

Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997), Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), La máquina del tiempo (The Time Machine, George Pal, 1959), La máquina del tiempo (The Time Machine, Simon Wells, 2002), The Abyss (James Cameron, 1989), 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981), 2013: Rescate en L.A. (Escape from L.A., John Carpenter, 1997), Encuentros en la tercera fase (Close Encounters on the Third Kind, Steven Spielberg, 1977), Trilogía Mad Max (George Miller, 1979-1981-1985), Regreso al futuro (Back to the Future, Robert Zemeckis, 1985), Regreso al futuro 2 (Back to the Future 2, Robert Zemeckis, 1989), Depredador (Predator, John McTiernan, 1987), Avatar (James Cameron, 2009), Días extraños (Strange Days, Kathryn Bigelow, 1995), Waterworld (Kevin Reynolds, 1995), Pitch Black (David N. Twohy, 2000), Minority Report (Steven Spielberg, 2002), Señales (Signs, M. Night Shyamalan, 2002), entre muchas otras…

En este grupo hay de todo. De lo mejor a cosas menos interesantes, pero todas ellas Sci-Fi. Alguna menor, de aventura para pasar el rato, como las películas de Zemeckis, y algunas maravillosas, como las de Carpenter, que son salvajes en intensidad y en subversión. En Sci-Fi cabe la aventura, el terror, el noir o casi cualquier cosa, mientras se tenga un mínimo de respeto y de cinefilia, y los responsables sepan bien qué terreno están pisando. Bien lo sabe George Miller, un grande en el género, o Verhoeven, un director de gran valía, que cuando puede o le dejan firma títulos inolvidables.

4. Gran Sci-Fi

La mosca (The Fly, David Cronenberg, 1986), Stalker (Andrei Tarkovski, 1979), Robocop (Paul Verhoeven, 1987), Hijos de los hombres (Children of Men, Alfonso Cuarón, 2006), Terminator (The Terminator, James Cameron, 1984), Terminator 2 (Terminator 2: Judgement Day, James Cameron, 1991), Futurama (Matt Groening, 1999-2013), 12 Monos (Twelve Monkeys, Terry Gilliam, 1995), Metropolis (Fritz Lang, 1926), La vida futura (Things to Come, William Cameron Menzies, 1936), El doctor Frankenstein (Frankenstein, James Whale, 1931), Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973), Aliens (James Cameron, 1986), Están vivos (They Live!, John Carpenter, 1988), La cosa (The Thing, John Carpenter, 1982)…

Aquí mi ramillete, en el que incluyo lo mejor de lo mejor, de la gran Sci-Fi o Ficción Científica. En él se incluyen los tres preceptos arriba mencionados de manera nítida y sin fisuras. Pueden ser más filosóficas, como la de Tarkovski, o espectaculares, como las de Cameron. Pueden ser sátiras, como la maravillosa serie de Matt Groening, o de humor negrísimo, como la de Gilliam. Pero todas ellas destilan lo mejor que ha dado el género en el cine en toda su historia.

Espero que con este ensayo, y con esta jerarquía, el lector se haga una idea más certera de mis gustos y también de lo que yo creo que es la verdadera Ficción Científica. Cuando tenga tiempo, haré lo propio con otros géneros.

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2 thoughts on “Ficción Científica: El cine como profecía

  1. Si bien algunas de las películas que mencionas las cambiaría de saco, coincido bastante con todo lo que has explicado. El problema es que, a medida que han ido pasando las décadas, el género ha cambiado, para bien o para mal. Ahora la llamada ‘Ciencia Ficción’ (por cierto, me ha encantado el detalle de su traducción literaria, ‘Ficción Científica’, un título mucho más descriptivo) ya no tiene por qué partir de una utopía o de una base científica. Ahora, a todo audiovisual que contenga curiosas imágenes de tecnología punta se le llama así.

    Me encantaría, Adrián, si quisieras, que pudieras extenderte un poco más en dos de las películas que mencionas en tu artículo. Me refiero a las dos primeras entregas de ‘Aliens’, grandes películas, en mi opinión, de aventuras. Ocurren en un futuro lejano (al menos, para la época en que se rodó), pero la base científica, si quitamos las naves y los propios aliens (no considero a estos últimos una base científica, para que quede más claro), no sabría dónde identificarla. Al no identificar esa base, como es obvio, tampoco veo que los protagonistas se vean afectados internamente por ella. En definitiva, me inspira mucha curiosidad que pudieras explicarme por qué estos dos filmes los consideras ‘Ficción Científica’ en vez de ‘Aventura’, aunque catalogues a una de ellas dentro de ‘Aventura Sci-Fi’.

    Un cordial saludo y un placer leerte.

    Víctor.

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    1. Hola Victor

      Me alegro que te interesara el texto. Y por una vez, sin que sirva necesariamente de precedente, voy a explicar en un texto, que supongo terminaré esta misma tarde, por qué ambas, bajo mi punto de vista, son sci-fi

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