La grande bellezza (2013), de Paolo Sorrentino

Alrededor de haberse cumplido la media hora de película, quizá un poco antes, el personaje central, por nombre Jep Gambardella, dice o piensa (pues es una voz en off, que de cuando en cuando surge en esta película) lo siguiente: “cuando llegué a Roma, a los 26 años, caí frenéticamente en lo que podría llamarse torbellino de lo mundano, pero yo no quiero ser un mundano más…quiero ser el rey de los mundanos”. Aquí mundano, más que referirse a una personalidad materialista o terrenal, sin duda hace alusión a la persona aficionada a los placeres y al lujo, que frecuenta ambientes socialmente elevados. Tal confesión es una de tantas, y quizá la más importante, que Jep Gambardella, novelista precoz de un único título, ahora reconvertido en periodista y escritor ocasional de cotilleos, proclama en la película, tanto en la voz en off como en los diálogos, y marca de alguna forma no solamente al personaje sino a la película por entero.

La grande bellezza (2013) es ya una de las películas italianas más famosas de lo que llevamos de década y quizá de siglo, que desde que nació hace sólo tres años ha suscitado todo tipo de reacciones pero que a nadie ha dejado indiferente. Y no parece haber término medio. Los hay que la consideran una obra maestra, un filme de sensibilidad y altura impresionantes, un título inolvidable… y también los hay que no picaron el anzuelo y no se dejan engañar ni por la historia de este escritor a punto de entrar en la senectud y de vuelta de casi todo, ni por el grandilocuente y afectado estilo de su director, Paolo Sorrentino, que a la sazón se llevó el Oscar a mejor película de habla no inglesa, convirtiéndose por fin en toda una estrella mediática en el mundo del cine europeo, a pesar de que no se llevó ningún premio en Cannes ni con esta ni con su siguiente largometraje, La juventud (Youth, 2015), más bien abucheos que conseguían eclipsar los aplausos. Pero al napolitano, de quien Carlos Heredero dijo que es quizá el director más pagado de sí mismo de toda la historia del cine, poco parece importarle.

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Tras unas pomposas imágenes en una plaza de Roma, con el precioso coro al fondo de The Lamb, de John Tavener y William Blake, asistimos a las fiesta de cumpleaños del protagonista, que cumple 65 primaveras al son de Far l’amore de Raffaella Carrá y de Mueve la colita por El Gato DJ, en su fastuoso ático de Roma. Un ciertamente espléndido Toni Servillo (habitual en las películas de Sorrentino, que clava sin duda al personaje), da vida a Jep, personaje para el que fue avejentado unos diez años, y que le va a servir como excusa a Sorrentino para efectuar un recorrido por la ciudad italiana, y para ejercer de espejo a través del cual reflexionar sobre las mezquindades, hipocresías, fragilidades intelectuales, de la clase alta y de la mayoría de aspirantes a artistas que con ella se codean en saraos y fiestas de todo tipo. Jep conoce a todo el mundo, y de todos tiene una opinión, al igual que Sorrentino, pero el principal problema de La Grande Bellezza es que se acaba convirtiendo precisamente en aquello que en teoría pretende despreciar o analizar.

Este viaje denso, a ratos grotesco, y hasta sórdido y erótico, por Roma, dio pie a que algunos espectadores o cinéfilos, y hasta críticos (de poco valor, he de decirlo) calificaran a Sorrentino como un nuevo Fellini, situando a esta película al lado de La Dolce Vita (1960), que para quien esto firma es una de las menos interesantes de su autor. Pero tal comparación no se sostiene porque ni Sorrentino tiene nada que ver con Fellini, ni su obra posee ningún rasgo en común con la película citada, salvo el hecho de ser profundamente italiana, pero más que formalmente, en lo epidérmico. La grande bellezza tiene buenos momentos, algunos diálogos realmente inspirados o divertidos, de entre sus docenas y docenas de personajes se extraen situaciones delirantes o chocantes, pero es una película que se hace demasiado larga, y sus caracteres (incluido el propio Jep) se van desdibujando paulatinamente hasta convertirse en caricaturas.

Por su parte, Sorrentino, que ayudado por su también habitual operador Luca Bigazzi, logra algunas imágenes excelsas (el mar en techo de su dormitorio, la luz del atardecer en algunos paseos por la ciudad…), parece empeñado en convencernos, con cada plano, cada encuadre y cada secuencia, de que es un genio insuperable. Y lo cierto es que el operador es realmente bueno, y que Sorrentino tiene cine en las venas, pues sabe como armar una secuencia, llamar la atención, escribir alguna secuencia preñada de ironía. Pero carece de verdadera amplitud en la mirada, de fuste de gran cineasta, pues a esta historia de un escritor cínico que una y otra vez vuelve al pasado, al recuerdo de la joven de la que se enamoró, le sobra impostura y falta vida, verdad. Por tanto no es un título fácil de abordar por parte de la crítica, pero en ningún caso, me parece, estamos ante una de las grandes películas de su tiempo, aunque sí probablemente una de las más astutas.

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Pedante, alocada, nihilista, decadente, excesiva, irregular, manierista, abigarrada, autocomplaciente, preciosista, fría….muchos otros calificativos pueden y deben ponérsele a esta película. En su afán por mostrarnos la hipocresía y el mal gusto, finalmente Sorrentino cae en la hipocresía y el mal gusto. Él es el rey de los mundanos. Y La grande bellezza una película prototípica capaz de engatusar a ciertos cinéfilos o críticos, porque está diseñada para ellos. Y Sorrentino sabe que los puede engatusar. A otros, no tanto. No es mal cine, ni mucho menos. Pero el director podría haber hecho mucho más con este material. Sencillamente, no le interesa. Sólo quiere demostrarse, convencerse…Pero el gran cine no está aquí, y Fellini mucho menos.

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6 thoughts on “La grande bellezza (2013), de Paolo Sorrentino

  1. Es una película bellísima que a ti no te interesa porque no conectas con sus imágenes, con los personajes, con la historia, o con lo que sea. Pero en lugar de aceptar que la película no es para ti, aunque veas en ella calidad, la despachas aduciendo que es fría, pedante, excesiva y demás tonterías. Toda tu crítica es un despropósito en el que niegas todas sus bondades sin explicar el porqué. ¿Por qué es fría? Tiene unos personajes verídicos, unas imágenes preciosas, unas historias fácilmente reconocibles en su decadencia. ¿Por qué es excesiva? Excesiva es también ‘El padrino’, que trata todos los conflictos fundamentales del arte en 9 horas, y no creo que eso sea un motivo para criticarla. En fin, cada día veo menos sentido a un oficio como el tuyo, sobre todo con textos como éste.

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    1. Hola, Alejandro

      Bueno, supongo que tenemos puntos de vista muy divergentes. Ahora bien, yo he expuesto algunas bondades en el texto, pero tendré que decir también mi opinión, ¿no te parece?

      Si no encuentras sentidos a oficios como el mío no me leas, no es necesario. Nadie te obliga.

      Un saludo afectuoso.

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      1. Mi problema con esta crítica es que no entras en ningún detalle de por qué la película merece los adjetivos que le das; me da la sensación de que es una película que no te gusta e intentas despreciarla sin fundamento. Te leo desde hace años y no voy a dejar de leerte por esto, pero me parece que os estáis volviendo aún más perezosos en la crítica artística. Cualquiera tiene una opinión, si leo la tuya es porque espero que además de opinión haya algo de hermenéutica.
        Un saludo

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      2. Alejandro…no me importa que dejes de leerme. Tu crítica a la crítica artística supuestamente perezosa no es de mi incumbencia. Son cosas tuyas.

        Yo siempre doy argumentos. Por ejemplo, si tú crees que La Grande Belleza es “bellísima”, o que tiene “unos personajes verídicos, unas imágenes preciosas, unas historias fácilmente reconocibles en su decadencia” no estás dando argumentos, solamente opiniones sustentadas en la nada. En otras palabras, estás pidiendo exactamente lo que tú no das.

        Estoy acostumbrado a eso, al igual que a muchas otras cosas.

        La “crítica artística”, como tú la llamas, no sé exactamente lo que es.

        A mí me parece, esto sí que es una opinión te lo adelanto, que mis ideas acerca de esta ridiculez de película de Sorrentino no te gustan. Nada más. Simplemente eso. Tengo la sospecha de que si la hubiera puesto en los altares, aún sin los argumentos que exiges y que tú mismo no das, no te habría importado mi falta de “hermenéutica”.

        Por cierto yo no desprecio las películas. Nombro, además, unas cuantas virtudes de esta. Es Sorrentino el que desprecia al espectador. Y eso sí que no me gusta. No me gusta una mierda, para que me entiendas.

        Un saludo afectuoso.

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      3. Yo doy “argumentos sustentados en la nada” porque no hago crítica, sino que escribo un comentario. Si quiero hacer crítica de cine lo hago en una entrada de blog.
        Y esto no tiene nada que ver con que no te guste una película que a mí me encanta. También me gusta Woody Allen y no me molesta tu crítica sobre él, porque está argumentada. No me meto en un blog de cine para leer a gente a la que le gusta lo mismo que a mí, sino para leer algo sugerente. Esta entrada no es sugerente ni hay nada de original ni de argumentado en ella. Sólo eso. Suerte en la vida.

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