Touch of Evil – Chinatown – Miller’s Crossing

Desktop

Existen misteriosas, y no tan misteriosas, concomitancias en la historia del cine. Al tratarse de un extraño y vulnerable arte, que probablemente es más susceptible que otros a influencias, homenajes, pastiches, palimpsestos de todo tipo (no únicamente entre películas, también con novelas y diferentes autores narrativos), a veces, muchas veces, resulta tentador establecer flujos y conexiones entre títulos emblemáticos, que no hubieran existido sin la presencia de otros anteriores y que participan de un cierto espíritu o raíz o fundamento. Estos flujos y conexiones surgen todavía más evidentes y consistentes entre películas famosas, pues los grandes directores suelen ver, generalmente, lo más importante o esencial del estilo o género al que pretenden aportar su propia mirada. Nacen, así, películas hermanas, o por lo menos primas-hermanas, de otras películas, y todas ellas viven y respiran en su propio universo fílmico.

Tal flujo y conexión me parece consustancial en tres películas emblemáticas del llamado “cine negro”: Sed de mal (Touch of Evil, Welles, 1958), Chinatown (Polanski, 1974) y Muerte entre las flores (Miller’s Crossing, Hermanos Coen, 1990). Es un dato curioso que se encuentren separadas, la segunda de la primera, y la tercera de la segunda, por exactamente dieciséis años. Pero es casi seguro que las curiosidades o casualidades se terminan ahí, pues estoy convencido de que el filme de Polanski jamás habría existido tal cual sin el de Welles, y que la de los Coen habría sido muy diferente de no haber existido la del cineasta polaco. La de Welles es considerada por muchos exégetas como el punto final de la época dorada del cine negro clásico (a la sazón, la única de las tres filmada en blanco y negro, conditio sine qua non para entrar en el selecto grupo de las grandes del género), mientras que de la de Polanski algunos la vieron como un homenaje a una época y la de los Coen como un capricho narrativo. Pero nada más lejos.

Inmundicia, fatalidad, catarsis

El cine negro, film noir, o como se quiera llamar (en la jerga actual se llamaría thriller, aunque es un término que realmente debería aplicarse a otros títulos), en su vertiente más tradicional, se refiere a relatos sórdidos, protagonizados por tipos de dudosa reputación social, que pertenecen a un submundo con sus propias reglas, o bien escarban en ese submundo por idealismo o por necesidad. Se podría decir que es el siguiente paso, lógico, a las aventuras de conquista. Si nos centrásemos exclusivamente al cine estadounidense, sería el género que siguió al western: establecidas las ciudades, que dejaron atrás el nomadismo y los personajes errantes, el noir sería algo así como la siguiente generación. A ella se puede decir que la sucedió el cine “de acción” o policíaco actual. Pero el Noir no es estrictamente un policíaco, sino la observación de cómo funcionaban los márgenes de las sociedades emergentes.

Tipos vestidos con gabardinas, trajes y sombrero. Investigadores, detectives, aprovechadores, buscavidas, corruptos, embaucadores, líderes sindicales, farsantes, impostores, delincuentes, homicidas, chantajistas…esa es la ralea de la que se alimentan estos relatos. Enfocados bajo los claroscuros del expresionismo alemán, en enviciadas escenografías de suburbios o de ayuntamientos contaminados de poder, estos personajes nos demuestran que quizá debimos quedarnos vagabundeando en valles o montañas. Toda la inmundicia de la que es hija la sociedad actual. Y Sed de mal (sencilla pero bella traducción del original Touch of Evil) añade a todo eso una grandiosidad en la puesta en escena, una melancolía tan arrasadora, definitiva; una lucidez y sentido de la predestinación, que hacen de ella no solamente una de las grandes películas noir, sino quizá, con permiso de Campanadas a medianoche (Chimes at Midnight, 1966), la más importante película dirigida por el genio de Welles.

Touch-of-Evil-f1.jpg

Dirigida por Welles casi de casualidad, Touch of Evil es muy superior a cualquier película del género hasta entonces, incluyendo Perversidad (Scarlett Street, Lang, 1945), Perdición (Double Indemnity, Wilder, 1944), o incluso El sueño eterno (The Big Sleep, Hawks, 1946), sencillamente por el talento puramente visual de este cineasta irrepetible, por su dirección de actores absolutamente moderna e indescriptiblemente enérgica y real, y por el alcance de su mirada, fascinada por el mal, por la mezquindad y el desamparo del ser humano. Solamente un genio polaco, con un talento visual comparable al suyo, podía rivalizar en grandeza, y ese fue Polanski con su obra maestra Chinatown, que sobre un guión magistral de Robert Towne, recoge el testigo del barroquismo urbano y la energía con una cámara y una fotografía en verdad fastuosas, y es capaz de bucear en la mezquindad del ser humano quizá con mayor contundencia y sordidez. A ellos les siguieron los hermanos Coen (ahora convertidos en una sombra de lo que fueron) con la maravillosa Miller’s Crossing (me niego a volver a escribir su sonrojante título español…), quizá la única de sus películas verdaderamente emocionante, lírica y noir.

Tanto el infausto Hank Quinlan, como el noble y cínico Gittes, y el lacónico Tom Reagan, son tres solitarios, tres individuos destinados a la fatalidad, por sus acciones, su personalidad y sus sentimientos y lealtades. Dos de ellos se salvan al final de la muerte por pura suerte, y quizá preferirían no estar vivos. Están al margen de una sociedad que no les acepta y de la que no quieren formar parte. Su moral es propia e intransferible, y sus amistades profundas y dolorosas. Y el pasado les persigue, y el futuro es un lugar al que no quieren ir. Quinlan tiene a su gitana, Gittes tiene sus recuerdos, y Reagan a su amigo Leo, y es por ellos por los que continúan. Pero la fatalidad es el destino que les espera, y sólo empleando una inteligencia muy superior a la de sus rivales pueden respirar cuando todo termina. Pero todos ellos pierden, la vida o la esperanza. Y saben que nadie les va a echar de menos.

La fotografía de las tres películas (firmada, en orden cronológico, por Russell Metty, John A. Alonzo, y Barry Sonnenfeld), con sus diferencias de estilo y técnica (lógicas, hablamos de tres producciones que pertenecen a momentos muy distintos del siglo pasado) ha sido y sigue siendo referencia para operadores y cineastas. Con ellas, los directores fueron mucho más allá de su propio talento y cristalizaron una catarsis en forma de revelación: que somos mortales y peor aún, que somos trágicamente imperfectos, que la inteligencia no hace feliz sino que te deja solo en el mundo, y que la corrupción es norma y la bondad una rara avis. El sistema está podrido, y los que vivimos en él a veces ni nos damos cuenta. Menos mal que existen un puñadito de películas magistrales que hacen justicia.

04509-Chinatown3.jpg

Advertisements

3 thoughts on “Touch of Evil – Chinatown – Miller’s Crossing

  1. Qué bueno leerte de nuevo, Adrián. Tu artículo no sólo me agrado sino que me inspiró algunas reflexiones que me permito sumar a los comentarios.

    Lo que mencionas respecto al hecho que el cine negro funcione como una declinación urbana, de baja ralea, pragmática y aún más desencantada del western (con lo que estoy sumamente de acuerdo), me evocó las ideas de Borges respecto a la evolución del género gauchesco (de índole aventurera en el sentido más libérrimo del término) hacia los relatos “de compadritos”: en estos últimos, los gauchos se han bajado del caballo y que, al contacto con la ciudad (o, más precisamente, con el arrabal, los suburbios fabriles y paupérrimos) han perdido su moral y se terminan maleando, volviéndose pandilleros o contrabandistas para sobrevivir. Dicho de otro modo: mientras que en el western (y en la literatura gauchesca) se suele vislumbrar cómo el capital va mordisqueando ese mundo posible de praderas y descampados y amenaza con engullirlo a él y a sus pobladores, en el film noir (y en los relatos de compadritos), el capital ya ha dado la gran tarascada y nuestra única alternativa (la de los héroes y la de los espectadores) parecería ser medrar. ¿Hasta qué punto hay que resignarse a medrar? ¿Cuál es el lugar de la aventura o del honor en medio de la brutalidad?

    (Aunque no es un precisamente un cuento de compadritos, “El sur” ofrece a este respecto una respuesta bella y desesperada que contrasta agradablemente con la de estas tres estupendas películas que comentas).

    Me parece sumamente pertinente la distinción film noir / policiaco y, hablando de este último, ojalá un día pudieras compartir tu visión de L.627 (o incluso de Tavernier, gran autor por el que nunca has escondido tu admiración, a contrapelo de mucha critica incluso francesa, pero del que no creo que alguna vez te hayas ocupado).

    Dos breves posdatas respecto a estas películas:
    1) Justamente acabo de ver “Double Indemnity” con una vaga sensación de decepción: a pesar del guión del mismísimo Chandler (o quizás justamente por ello), tuve la impresión de ver un Wilder de suspenso burdo y espeso en su narración. De hecho, una película negra que cuenta un tema sumamente similar con mucha mayor fluidez, misterio, angustia y sobre todo con mayor vértigo moral sería “Body heat”. Y eso que Kasdan, aunque sea un director competente, está algún peldaño por debajo de Wilder. Quizás la mejor impresión se deba también a la mayor complejidad de las actuaciones de William Hurt y, sobre todo, de la tremenda Kathleen Turner frente a los desabridos McMurray y Stanwyck.
    2) ¿Hasta qué punto “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” es una versión farsesca o paródica (no en el sentido peyorativo del término, sino más bien de homenaje) de “Chinatown”? Sin estar a la altura de estas tres obras maestras, claro, me parece que la película de Zemeckis es un gran film noir, a menudo despreciado gente demasiado seria.

    Un abrazo y por aquí seguimos.

    Like

  2. Hola, amigo Guillermo

    Eso es un comentario con fundamento.

    Bueno, el cine policíaco tiene algunas reglas similares al cine negro, pero sin duda es otra cosa. L.627, de Tavernier, es policiaco, y es una magnífica película, y Tavernier un gran director. Cierto que jamás escribí una crítica sobre ella. Pero tengo intención de dejar críticas de todas las películas que he visto en la vida, así que caerá, algún día.

    En cuanto a Who Framed Roger Rabbit?, en efecto es un homenaje al género, con toques de farsa. Más que una revisión de Chinatown con dibujos animados, mezcla un poco algunas constantes y argumentos de esa y de otras muchas películas del género, y lo hace maravillosamente. Es una gran película, sin duda. De lo mejor de Zemeckis.

    En fin, te animo a que dejes todos los comentarios que quieras, y a otros lectores que se pasen por aquí también, claro.

    Otro abrazo para tí.

    Like

  3. Por aquí andamos: a veces el trajín cotidiano deja poco espacio para comentar de forma correcta, pero de que pasamos a leer, eso constantemente.

    La foto que escogiste para Chinatown es buenísima por poner el acento en el símbolo de la nariz. Gittes se encuentra inmerso en una intriga que lo desborda y en la que termina por perderse y navegar en círculos; convenientemente, su nariz, su olfato de detective, termina maltrecha y desgarrada (tiene gracia, además, que la mano del cuchillo sea la del autor de la película, que es quien ha puesto al personaje en ese berenjenal).

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s