Un dios salvaje (2011), de Roman Polanski

Varias sensaciones surgen tras el visionado de esta estupenda película. La primera de ellas es una obviedad y la segunda una reivindicación. La obviedad es que, a sus 78 años (83 actualmente), Roman Polanski seguía y sigue siendo uno de los mejores directores de actores de los que hay noticia, y un cineasta indispensable para entender el cine europeo y norteamericano de las últimas cinco décadas. La reivindicación es que el cine necesita de muy pocos elementos, muchas veces, para erigirse como el soporte más dinámico a la hora de contar historias y de construir atmósferas, como en este caso, que es una adaptación de la obra de teatro Le Dieu du carnage, que la autora Yasmina Reza, y el propio Polanski, se encargan de adaptar para la pantalla. Pero hay más sensaciones: que un portentoso grupito de intérpretes, bien ensamblado, puede suponer un microcosmos lo suficientemente rico y válido como para vernos reflejado en él con todas nuestras imperfecciones, y que dirigir bien una película es un arte al alcance de muy pocos.

Otras cintas han intentado, con mayor o menor fortuna, trasladar desde las tablas del teatro hasta la luz del cine, una narración interesante, y algunas han caído en la exageración de los elementos originales, o en la necesidad de “airear” (mediante oportunas fugas al exterior de un ambiente escenográfico) la obra para darle una apariencia más cinemática. A Polanski, sin embargo, le gusta encerrarse, como él mismo ha confesado en algunas entrevistas. A fin de cuentas, el cine es un encierro, al igual que el teatro, y si bien a veces es maravilloso encontrar en ese encierro viajes hacia mundos abiertos, otras es tremendamente estimulante presenciar un drama apresado entre unas pocas paredes, un relato que nos oprima físicamente para rebelarnos emocionalmente. Responsable de títulos claustrofóbicos como El quimérico inquilino (The Tenant, 1976) o La muerte y la doncella (Death and the Maiden, 1994), el polaco es uno de esos elegidos a los que les importa muy poco airear o exagerar la obra; o para ser más concretos, agradar y seducir al espectador. Porque pueden atraparnos con puro cine.

Carnage.jpg

Sin piedad

Una disputa entre dos chavales, que no llegan a la adolescencia, y cuyo encontronazo apenas vemos, tiene como consecuencia la reunión de los cuatro padres de ambos chicos en el hogar de uno de ellos. Estando los hijos ausentes, los padres, muy diferentes entre sí, intentarán limar asperezas pues, al parecer, uno de los dos críos ha salido mal parado físicamente, y los progenitores de la supuesta víctima quieren una compensación moral y quizá hasta económica. Este punto de partida, rutinario, servirá para que Polanski, tirando del hilo de la mezquindad y la hipocresía humanas, trace un itinerario sin piedad en el que no caben componendas ni paños calientes, que en ningún momento se da facilidades a sí mismo ni al espectador, y que es uno de los zarpazos de lucidez más interesantes y devastadores de los últimos años.

Las dos parejas de padres, que en un primer momento se relacionan con toda la normalidad de la que son capaces, poco a poco, en un desvelamiento progresivo del que es experto Polanski (pues no por casualidad pudo mostrar un horror progresivo en Rosemary’s Baby (1968), y una caída a los infiernos progresiva en The Pianist (2002), entre otros magníficos ejemplos), irán sacando lo peor y lo más mezquino y egoísta que se esconde en lo más profundo de su personalidad, primero como defensa y luego como arma arrojadiza, hasta que ambas parejas de padres se posicionen en dos bandos irreconciliables…pero luego para que ellos y ellas, hombres y mujeres, se enfrenten amparados en su rol sexual…para a continuación enfrentarse todos contra todos, imbuidos de una irracionalidad y un salvajismo que solamente un director superdotado como Polanski podía llevar con semejante elegancia a la pantalla.

Una pareja la conforman el buen intérprete John C. Reilly y la excelente actriz y directora Jodie Foster. La otra la genial actriz Kate Winslet y el genial actor Christoph Waltz. Entre los cuatro llevan a cabo algunos de los momentos más importantes, a nivel de actores, que hemos visto en una pantalla en mucho tiempo. Es admirable la forma en que Polanski, con la ayuda de su operador Pawel Edelman, extrae lo mejor del texto y de estos actores, y les otorga todo el protagonismo, mientras encuadra ese interior con una precisión majestuosa, en la que cada plano y cada corte cuenta, y en la que cada diálogo y acción tiene su importancia capital. Pero es justo decir que aunque Reilly y Winslet hacen un trabajo notable, Foster y Waltz están sencillamente espectaculares. Ambos representan mundos y formas de ver la vida radicalmente opuestos, y ambos, en su clímax, dan un recital de rostros, réplicas y contrarréplicas absolutamente inolvidable.

Puede que sea un filme pequeño, nada comercial, ajeno a divismos o a la necesidad de impresionar al espectador medio. Pero para los que buscamos en cine verdad y clarividencia, Carnage es una excelente película, totalmente satisfactoria, dura y divertida, sorprendente y dinámica, en la que encontramos exactamente lo que necesitamos: una voraz mirada hacia nosotros mismos.

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5 thoughts on “Un dios salvaje (2011), de Roman Polanski

  1. Buenas tardes, Adrián. Te dejo este mensaje para darte ánimos. Veo que llevas unos días sin escribir.

    Quiero decirte que he crecido contigo. Empecé a leerte con 14 ó 15 años. En estos momentos, ya he pasado por 20 Primaveras. Has sido una enorme influencia para mí, Adrián. Me has ayudado en momentos muy duros.

    Quiero darte las gracias por todo, Adrián. Espero que estas palabras signifiquen algo para ti.

    Un saludo.

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    1. Dios mio, no sabia que yo pudiera influenciar o ayudar con lo que escribo. Muchisimas gracias por tu comentario y por supuesto que me sirve! Yo ahora tambien estoy pasando momentos duros… De todo se sale, dicen… Y si no tomemos una copa a la salud del diablo

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      1. Le he dado like a mi propio comentario sin quererlo. No entiendo esta página. XD.

        Adrián… todos somos diablos. Brindemos a nuestra salud. Unos cabrones como nosotros merecen, al menos, un brindis.

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