The Walking Dead, Temporada 6

Concluida la sexta y, en opinión de quien esto firma, más terrible y completa de todas las temporadas de la muy popular serie The Walking Dead (AMC, 2010-actualidad), creo que es un buen momento para llevar a cabo un análisis en profundidad de esta ficción audiovisual en general, y de la última parte en particular, que tanto ha dado que hablar en las redes sociales, y que ha confirmado que estamos ante un título realmente singular y poderoso, pese a sus defectos o zonas menos conseguidas, que las tiene. Pero ya, qué duda cabe, The Walking Dead se ha convertido en un referente inexcusable de la década posterior a aquellos títulos emblemáticos que para siempre han cambiado la forma de hacer televisión (me refiero, por supuesto, a algunas maravillas de la HBO como The Sopranos (David Chase, 1999-2007), Six Feet Under (Alan Ball, 2001-2005), The Wire (David  Simon, 2002-2008), y otras, no todas de la HBO por cierto…), y se ha convertido también en casi un estilo en sí misma, que explora y explota, al mismo tiempo, las posibilidades del folletín de aventuras y que lleva años estableciendo un universo propio plenamente sólido e identificable, tanto moral como estético.

Como muchos saben, la serie producida por el canal AMC es una adaptación más o menos libre, más o menos fiel, del cómic homónimo escrito por Robert Kirkman (que a la sazón ejerce como productor ejecutivo de la serie y colabora con el equipo de guionistas) y dibujado magistralmente primero por Tony Moore y luego por Charlie Adlard, que es sin duda una de las más famosas historias de zombies jamás escritas, dibujadas o novelizadas, pero que era más que eso, porque en el fondo se erigía en una descorazonadora observación de la naturaleza humana en todas sus variantes, dentro de una aventura de supervivencia extrema, que como toda aventura encuentra su corazón y su razón de ser en el relato de la relación de amistad y amor entre varios personajes, y en esa interrelación de caracteres y lucha común por la vida y la dignidad es donde el lector, primero, y el espectador, después encuentra esa fuente de gozo, inspiración y espanto a partir de un horror inimaginable. Así que The Walking Dead, pese a sus defectos, se convierte en otra aventura que es como un espejo para la sociedad actual, y para todas las sociedades, y vuelve a demostrar que gran parte de la crítica no ha reflexionado debidamente sobre la grandeza del género de aventuras, y que el espectador, o el lector, siempre estará ávido de ellas.

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Para empezar a comentar en profundidad esta narración, conviene quizá señalar que, aunque estamos en un tiempo en que proliferan las adaptaciones de cómics de éxito, la mayoría de ellas tratan de imitar, incluso en la puesta en escena (copiando escenas enteras en cuanto a la planificación), el original de papel, lo que a mi juicio es un error mayúsculo. Porque no solamente creo que son dos medios narrativos completamente diferentes, además considero que un director que se limite a trasladar a imágenes en movimiento imágenes estáticas no es un verdadero cineasta. En el caso de The Walking Dead (en adelante, TWD, para abreviar), es meritorio que sus responsables se han negado a “copiar” las viñetas, y han sido capaces de crear algo diferente (aunque por supuesto, complementario a ese universo). Si el lector del cómic puede, y seguro que lo han hecho algunos, imaginar cómo sería la puesta en escena de Tony Moore y Charlie Adlard a partir de las viñetas, convendremos en que no tiene nada que ver con la puesta en escena de los diferentes directores y cineastas que han dirigido la serie hasta el momento. Pero aunque no me he leído el cómic en su totalidad (casi una novela gráfica de gran extensión), tanto en papel como en imágenes y sonidos comparten un mismo objetivo: el aplastamiento anímico del lector/espectador a partir de la creación de un apocalipsis definitivo, del fin del mundo más horripilante imaginable.

Supervivencia extrema

El fenómeno zombi proviene del culto vudú, y sus orígenes, por supuesto, se remontan a África, en la que según las diferentes culturas puede ser un cuerpo sin alma, un alma sin cuerpo (un simple espíritu), un demonio, o un resucitado. En la cultura popular ha derivado a un monstruo postmoderno sin sentimientos, ni personalidad, ni humanidad, cuyo único propósito es alimentarse de seres vivos, fundamentalmente humanos. En cine hay títulos anteriores, pero es desde la fundacional La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) que el mito se ha ido cristalizando, alrededor de una horda de zombis o muertos vivientes realmente imparable, y ahora ha adquirido gran popularidad en diferentes formatos que tratan de explotar la idea, de forma trágica, terrorífica y hasta cómica, hasta llegar a la apocalíptica, que no cuenta las consecuencias de una horda zombi, sino que nos muestra un “mundo zombi”, en el que la sociedad, tal como la conocíamos, se ha desmoronado, y en la que los supervivientes han de buscar la forma de continuar con vida casi sin esperanza, tal como hace el cómic de Kirkman. Es curioso que en toda la serie TWD, la palabra zombi no es mencionada, pues se refieren a ellos como los caminantes. Y es muy interesante que a pesar de esta amenaza casi sobrenatural, los personajes han de enfrentarse a una amenaza mucho mayor: otros hombres, otros grupos de supervivientes.

La primera temporada, muy breve (tan solo seis episodios), ejercía como introducción de los personajes, y el inicio de la pesadilla en ese mundo zombi. El principal personaje, Rick Grimes, un policía que cae herido y que al despertar del coma se encuentra con una realidad pavorosa. No fue una gran temporada, pese a algunos momentos inspirados, porque estaba demasiado pendiente de agradar al espectador y de seguir las líneas generales del cómic, sin llegar a emocionar. Por suerte cada temporada se ha ido enriqueciendo con nuevos personajes (muchos de ellos diferentes al original, o incluso que no aparecían en el original), y han exprimido al máximo los ambientes propuestos en el cómic, buscando una forma definitiva de expresión que, creo, ha llegado a su máximo nivel en la sexta temporada que acaba de concluir, principalmente porque lo descarnado y brutal del cómic puede al fin mostrarse en la pantalla sin ningún complejo, seguramente porque se trata de la serie más vista a nivel mundial y tienen margen de maniobra, aunque por supuesto hay ciertas concesiones o decisiones narrativas cuestionables.

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Una de los rasgos que cierto sector de espectadores ha criticado siempre de la serie es su lentitud, o bien que algunos de sus episodios no están centrados necesariamente en huir o masacrar zombis, sino que, por el contrario, profundizan y dan la oportunidad a la más de dos docenas largas de personajes importantes de gozar de un momento íntimo, contando la historia que les ha llevado hasta el momento presente, o bien indagando en sus miserias o búsquedas más personales. Vaya por delante que estoy muy lejos de protestar porque una historia no esté continuamente basada en la acción y el frenesí, y se esfuerce en momentos muy largos (o incluso capítulos enteros), como ocurre a veces en TWD, en los que únicamente dos personajes interactúan entre ellos y se muestran tal como son y se conocen un poco mejor. En ese sentido hay momentos impresionantes como aquel en el que Tyreese (fenomenal, como siempre, Chad Coleman) perdona de corazón a Carol (impresionante toda la serie, Melissa McBride) por haber matado a sus seres queridos a pesar de que quería matar al responsable, o aquella en la que Daryl (un poderoso, inquietante y oscuro Norman Reedus) comparte cabaña en mitad de ninguna parte con Beth (a la que interpreta trágicamente Emily Kinney), o la recuperación moral y espiritual de Morgan (excelente, en un papel muy difícil, Lennie James) junto al hombre que le encuentra y le da una lección de vida.

Todos estos momentos, secuencias o incluso capítulos siempre concluyen con un acto o una revelación especialmente escalofriante, más aterradora aún porque nos hemos tranquilizado y hemos accedido a una zona más íntima de los personajes. Pero es comprensible que los espectadores, ávidos de sangre, frenesí y tensión una hora por semana, a veces echen de menos más intensidad. Y TWD sabe dosificarse, hasta el punto de que los momentos de acción no creo que decepcionen a nadie. Pero sí que es cierto que en un sentido global, la temporada segunda y tercera, están muy desequilibradas en cuanto a tensión y a avanzar en la historia. Y de pronto, al llegar el final de temporada, todo se acelera y parece que los creadores han de ponerse al día y solucionar todos los puntos muertos que han dejado en el camino. Así es la serie. Sin embargo considero que a partir de la cuarta temporada, con la victoria sobre el terrible Gobernador (soberbio David Morrissey, que aporta un toque de elegancia y sutilidad que no tenía el personaje en el cómic), la serie por fin ha encontrado un equilibrio y sobre todo una voz propia.

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Temporada 6

El grupo de amigos ha aprendido a sobrevivir, a controlar a una horda de zombis, a vencer a otros seres humanos dispuestos a tiranizarles, y por el camino la serie ha reflexionado sobre la complejidad y corrupción interna de las sociedades humanas, sobre el sacrificio y la cobardía, sobre la dificultad de establecer jerarquías sin llegar a la tiranía (sobre todo en el caso de Rick, muy bien encarnado por ese estupendo actor que siempre ha sido Andrew Lincoln), sobre lo difícil que es hacer el bien, y lo fácil que es hacer el mal. Y así a las estupendas cuarta y quinta temporada, las ha sublimado una sexta ya totalmente equilibrada, o la más equilibrada, en la que cada episodio importa y no hay respiro, con la larga presentación de un personaje tan importante como Negan, que va a definir, según el cómic, también a Rick, como su opuesto y su peor enemigo y pesadilla.

Pocas veces en la serie hemos sentido tal aplastamiento vital y anímico, y menos piedad con el espectador. El equipo de directores y guionistas, ya totalmente compenetrado en la puesta en escena y la construcción del relato, está más cómodo que nunca creando suspense y sabiendo que cada escena es crucial. Esto es el fin del mundo por fin, muy pocas personas quedan vivas, y las que hay se matan unas a otras. Esta creación era impensable hace veinte años en televisión, y en la sexta temporada todos los personajes han estado en el alambre muchas veces. Sólo queda la batalla final, contra el mal definitivo, Negan, ayudado por su Lucille, el bate envuelto en alambre de púas. Hemos asistido a la mayor horda de zombis de TWD, y ahora vamos a asistir, en la siguiente temporada, a la batalla final entre los hombres que quieren vivir libres, y los que quieren esclavizar a los demás. No me parece poco.

Muchos están cabreados por el final de la serie, en la que no sabemos a quién reventó Negan a batazos (en el cómic era Glenn, pero la serie intenta siempre sorprender y no seguir necesariamente al cómic) pero creo que la fascinación de la serie está más alta que nunca. En unos años podremos valorar si esta serie fue culto de un día (como Lost) o bien permanece en la memoria como una experiencia pesadillesca e inolvidable.

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3 thoughts on “The Walking Dead, Temporada 6

  1. TWD sin duda sera recordada por muchos años!!! Increíble como se llego al punto de que lo mas terrorífico no son los “caminantes” si no el ser humano, cuando queda al descubierto y no tiene todas sus necesidades cubiertas y debe luchar en el desorden para sobrevivir.

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  2. Hola Adrián, quisiera hacerte una pregunta respecto a este texto, que me ha gustado mucho pero hay una frase del mismo que creo no entender del todo:

    “…y se ha convertido también en casi un estilo en sí misma, que explora y explota, al mismo tiempo, las posibilidades del folletín de aventuras y que lleva años estableciendo un universo propio plenamente sólido e identificable, tanto moral como estético”.

    Esta frase se encuentra en el final del primer párrafo. Creo entender que cuando dices que la serie ha establecido un universo propio en el plano moral, te refieres a que el nuevo mundo que surge tras el apocalipsis es uno que tiene una nueva moral, donde impera la ley del más fuerte y cualquiera hará todo lo que esté en sus manos para sobrevivir. Si no es así, corrígeme.

    Pero respecto a lo de un universo propio estético, no estoy seguro de si mi interpretación es correcta, pues yo entiendo que con ello te refieres a algo explicado más adelante, mismamente en el siguiente párrafo, cuando dices:

    “…y en esa interrelación de caracteres y lucha común por la vida y la dignidad es donde el lector, primero, y el espectador, después encuentra esa fuente de gozo, inspiración y espanto a partir de un horror inimaginable”.

    Además siempre me ha costado mucho entender qué quiere decir el término “Estética”, pues se trata de ni más ni menos de una rama de la filosofía y ese no es precisamente un campo donde las definiciones sean claras y simples. Yo entiendo que por estética se entiende las sensaciones (tanto agradables como desagradables) que transmiten las obras de arte, por tanto, no tiene tanto que ver con el estilo visual de una determinada obra, que es como se suele entender ordinariamente lo que quiere decir el término “estética”.

    Y, además, cuando dices que la serie se ha convertido en casi un estilo en sí misma, ¿Es por las razones que expones a continuación: por explotar y explorar a la vez las posibilidades del folletín y por establecer el referido universo propio? ¿O quizá por lo que expones más adelante de que la serie sigue una estructura narrativa en la que se intercalan momentos de introspección en los personajes con otros de acción?

    —————————————————————————————————————–

    También me gustaría preguntarte una duda que tengo respecto a un texto que escribiste para La Columnata en el que exponías tus ideas de porqué “La cosa” era una película superior a “Alien”.
    El artículo es este: http://lacolumnata.es/cultura/canon-revolver-2/viejos-debates-cosa-john-carpenter-alien-ridley-scott
    He pensado en escribirte en la sección de comentarios del propio artículo pero como éste ya tiene un tiempo pues igual no te enterarías de mi pregunta:

    En el texto dices, respecto a los personajes de ambas películas, que los de Alien son esquemas o tópicos (estoy totalmente de acuerdo) pero en La cosa, para la caracterización de los personajes, se parte de un arquetipo y se les dota de vida, a través de una notable dirección de actores. Estoy también de acuerdo con eso, pero no entiendo bien la diferencia entre tópico y arquetipo, que además dices que, precisamente, es lo opuesto a un tópico. Busqué ambas definiciones en el diccionario, y por lo que entendí algo es “tópico” como resultado de repetirse mucho, mientras que un “arquetipo” es un modelo o pauta inicial, y a partir de ella Carpenter crea los personajes con su dirección de actores, convirtiéndolos en verdaderamente humanos, pues sus reacciones nos parecen creíbles y también su forma de vivir ese espanto. Los de Alien se quedan en ese esquema, sin ir más allá, porque Scott decide tratarlos con una dirección de actores simple, y así son personajes planos, de una sola arista, aquella que les diferencia de los demás personajes pero ninguna más que pueda dotarles de vida y que nos permita identificarnos con ellos y vivir también ese horror en su lugar. Personajes que, tal como decías en el propio texto, sirven como simple cebo para la criatura y como excusa para aterrorizarnos con sus bestiales muertes.

    Espero no cansarte mucho con estas preguntas, sobre todo con las referidas al texto de Alien/La cosa, que es algo que has escrito hace tiempo e igual tienes las ideas expuestas en él algo oxidadas ya. Pero me gustaría que me respondieses, pues tus opiniones siempre me han parecido interesantes y tú conoces bien el cine porque lo has estudiado, mientras que yo sólo me lo puedo permitir como una simple afición, pero por la que siento mucho interés. Por eso me leo muy bien tus textos, porque sabes de lo que hablas y no los considero la típica opinión que uno se encuentra por la red de cualquier hijo de vecino que habla de las películas que le gustan.

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    1. Hostia puta, eso es un comentario. Creo que es más largo que mi texto.

      Bromas a parte, tocas tantos temas, pablopcrs, que me va a ser complicado contestarte a todos.

      A veces, cuando releo mis textos, pienso que peco de dejar una sobreabundancia de ideas en una sola frase o párrafo. Debe darme la locura y quiero decir demasiadas cosas demasiado rápido. Ese puede ser el caso del párrafo al que aludes.

      Por supuesto que la estética no es, en absoluto, el aspecto más puramente visual de una obra. La estética sería más bien la filosofía que estudia la sensibilidad de lo bello. Pero la estética como rama del conocimiento es muy vasta. Sin embargo aplicado a las artes, yo y otros escritores sobre películas o libros, por supuesto nos referimos a la concepción general de la obra en cuanto a creación, y a sus conexiones con sus aspectos más particulares. Más subjetivos, por así decirlo.

      En cuanto a lo del universo propio, para mí esta claro que TWD, con sus luces y sus sombras, es realmente única por la mezcla de nihilismo y dinamismo, por lo espantoso de sus imágenes y ese acercamiento al corazón humano, que en sus mejores momentos roza algo muy notable.

      En cuanto a la segunda parte de tu comentario: la diferencia entre tópico y arquetipo es enorme. Un buen escritor sabrá partir de un arquetipo elaborado y darle vida, mientras que un escritor mediocre tirará de tópicos porque no conoce otra cosa. Un tópico es en lo básico un lugar común, un cliché, mientras que un arquetipo permite una construcción o deconstrucción de un personaje.

      En otras palabras: un director mediocre como Scott solo puede tirar de tópicos porque no le interesa el interior de sus personajes, mientras que un director de gran talento como Carpenter se preocupa principalmente por ese interior, y a partir de ahí crea su película.

      Espero haberme explicado, un abrazo.

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