Trilogía Evil Dead (1981-87-92)

Creo que el lector estará de acuerdo conmigo en que no todo se valora de forma sosegada y, sobre todo, ponderada. Yo tengo una gran suerte, y es que como pasé por dos escuelas de cine, y he formado parte de algunos rodajes, y además como escritor conozco perfectamente lo que significa cualquier acto de creación (aunque la creación en sí sea una basura), aprecio mucho el esfuerzo y las ganas de hacer algo creativo, por mucho que a veces parezca que el resultado final esté lejos de lo que quería el autor, e incluso muy lejos, y ahí es a donde quiero ir sobre todo, de los gustos o ideas preconcebidas de muchos espectadores. En otras palabras: ser sibarita, exigente, está muy bien y a veces nos salva de la desesperación de sufrir bastante basura audiovisual. Pero qué duda cabe que ser demasiado exigente también nos limita y nos priva de ver algunos títulos muy estimulantes y llenos de ingenio. Creo que la solución como espectadores, y lo creo desde hace muchos años, consiste en adoptar un complicado eclecticismo, en virtud del cual poder acceder a todo lo que sea valioso…aunque a veces lo valioso se esconda en lo cutre.

En 1981, un joven realizador de 22 años, llamado Sam Raimi, inició con Evil Dead, que aquí se llamó Posesión infernal, una de las más famosas sagas de cine de terror de los ochenta, junto a otras como Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven), Viernes 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunningham, 1980) o Halloween (John Carpenter, 1978), y muchas más que han llegado con el tiempo, tanto estadounidenses, como europeas y sobre todo asiáticas, la mayoría prescindibles, alguna que otra realmente notable, en las que abunda la sangre, el susto fácil, los arquetipos y los personajes bidimensionales. La de Raimi no escapa a nada de eso, pero en sus imágenes late una ironía, o mejor dicho, un cachondeo tan irresistible, y algunos valores netamente cinematográficos, que elevan su propuesta bastante por encima de la media. Ahora Raimi es un director “mainstream”, sobre todo después del tremendo éxito de su trilogía Spider-man (2002-04-07), pero hace más de treinta años era un loco subido a una cámara.

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The Evil Dead, o Posesión infernal (aunque podría traducirse por Los Muertos Malvados) es la típica historia de terror sobre un grupo de amigos que se va de fin de semana a una cabaña en mitad del bosque, y allí les sucede todo tipo de horrores. Resulta que encuentran un magnetófono en el que está grabada la voz de un arqueólogo que ha encontrado el Necronomicón Ex-Mortis, el libro de los muertos, y al recitarlo despiertan (?) a un poder maligno que toma la forma de muertos vivientes y monstruos de todo tipo. Es una película tremendamente “amateur” (que sin embargo resultó un clamoroso éxito de taquilla), filmada con cuatro cuartos, con una imagen atroz (filmada en 16 mm y con presupuesto de 375.000 dólares), y con una puesta en escena de estudiante de escuela de cine, que sin embargo destaca porque Raimi, en su debut, inyecta una energía a la cámara y a los planos casi inaudita hace treinta y cinco años (empleando ya esa cámara subjetiva que se mueve a toda velocidad y que atraviesa prácticamente cualquier objeto). Su simpleza argumental, su ausencia absoluta de pretensiones, redondeaban una propuesta absurda pero totalmente satisfactoria. Pequeña y disparatada, sin duda, pero también disfrutable y honesta.

Seis años después vino la segunda parte, que en realidad es un remake. Evil Dead II (1987), que aquí se llamó Terroríficamente muertos (la imaginación de los distribuidores españoles no tiene límites…), tiene más sangre, más muertos, más zombies, mucha más locura…y mucho más humor. Yo no sé si Raimi se dio cuenta de que el cine de terror puede ser ridículo, pero aquí se soltó definitivamente la melena. Regresa Bruce Campbell como protagonista y de nuevo su personaje se va con su novia a una cabaña abandonada. De nuevo el Necronomicón Ex-Mortis hace acto de aparición, de nuevo una grabación…De nuevo una pesadilla en un reducido entorno de tintes góticos. En sus imágenes (más elaboradas fotográfica y escenográficamente…aunque tampoco mucho) la capacidad de Raimi y su equipo (con algo más de dinero, eso sí…tampoco mucho) para lo siniestro y abracadabrante se torna un verdadero talento. Se regocija el director, sobre todo cuando Ash se queda solo en la cabaña (una zona de la película que perfectamente podría ser cine mudo), con una imaginería siniestra y humorística realmente notables.

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Los efectos especiales no pueden ser más cutres. Tanto a cámara, como de luces o de transparencias. Pero como espectadores lo aceptamos. El maquillaje de los monstruos es horrendo (en el mal sentido de la palabra, claro…), sin embargo nos lo tragamos porque es imposible no pasarlo en grande. Y en el centro de todo está la verdadera estrella de la función, un Bruce Campbell maravilloso. Este actor protagoniza la película como si estuviera interpretando Hamlet o Ben-Hur. A él le da igual. Anticipando el histrionismo salvaje de un Jim Carrey, Campbell es el atormentado, vapuleado, poseído, mutilado, incomprendido héroe de esta historia rocambolesca que concluye matando a la bestia (yo creo que se nota cómo se lanza a la mano gigante del monstruo, hecha de trapo…) y viajando en el tiempo (???) a una época medieval en la que, por lo que parece, va a ser un héroe de leyenda.

Pero de leyenda nada. Cinco años más tarde vio la luz el título final, Army of Darkness (1992), que aquí los distribuidores españoles tradujeron correctamente como El ejército de las tinieblas, en la que el atribulado Ash, que todavía conserva la moto-sierra unida a lo que queda de su brazo derecho, y el rifle de dos tiros, es tomado por un siervo del mal y llevado por los soldados vestidos de armadura una ciudadela en la que tendrá que demostrar su inocencia. La primera parte de esta estupenda película contiene momentos magistrales, como aquel en el que un harto Ash, que ha vencido a los demonios del pozo, advierte a todos los presentes que el que se atreva a tocarle se las verá con su “escoba de fuego” (su rifle, claro), o la impresionante secuencia en la que despierta el ejército de las tinieblas, de nuevo atraído por el Necronomicón Ex-Mortis (ya se sabe, escrito con sangre, encuadernado con piel humana, etc…), diseñada al más puro estilo de efectos stop-motion de Ray Harryhausen. Pero todo está dirigido con tanta guasa, cachondeo, burla de cualquier género que se ponga a tiro, que es imposible no morirse de risa en cada secuencia.

Army-of-Darkness

Son tres películas que, en definitiva, muestran a un director, Raimi, quizá balbuciente o demasiado loco, pero que hace con una cámara lo que le viene en gana y sabe inyectar humor grotesco, mucha diversión e ironía en sus imágenes; que contienen cinefilia y ganas de pasarlo bien perdiendo todo complejo, y que, principalmente, carecen de divismo o pretensiones, son conscientes de sus muchas limitaciones y saben buscar la complicidad del espectador. Me parece bastante más que la mayor parte del cine de género, que se toma demasiado en serio a sí mismo mientras toma al espectador por imbécil, esos títulos que meten al espectador imágenes muy lujosas por los ojos, y que invaden su mente, pero no tienen nada dentro. Al menos la saga Evil Dead no pretende meter nada, sólo reírse de todos y de sí misma.

Como diría Ash: Keep your damn filthy bones outta my mouth (Mantén tus sucios y malditos huesos fuera de mi boca)

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5 thoughts on “Trilogía Evil Dead (1981-87-92)

  1. Grandes películas las tres, lo que hizo después ya no me gustó tanto exceptuando Drag me to hell, que me parece una película excelente y que vuelve, aunque de forma más comedida, a este tipo de terror. Alguna de las escenas más cómicas parecen sacadas de los dibujos animados del Correcaminos y el Coyote.

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  2. La trilogía Evil Dead es un disfrute bastante grande, no puedo imaginar el impacto que tuvo que tener en la época. Raimi es un director muy interesante, a menudo irregular, eso no se puede negar, pero en ocasiones bastante certero. Ya no sólo con Evil Dead, sino con pelis como Darkman, Un plan sencillo o mismamente Spiderman, películas notables, frescas, intensas y honestas. Un plan sencillo es la joya escondida de su filmografía, una peli que se mueve entre el Raimi de Evil Dead y el estilo áspero de sus amigos los Hermanos Coen, con un Paxton y sobre todo un Billy Bob Thornton sublimes.

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    1. Sin duda!
      Yo trazo un paralelismo entre Un plan sencillo y Evil Dead. El dinero que se encuentran los protagonistas de Un plan sencillo tiene una función prácticamente parecida a la del Necronomicon de Evil Dead, esto es, abrir una puerta al infierno.

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