Misión: Imposible – Protocolo Fantasma (2011), de Brad Bird

El cine comercial, quizá más que nunca, está actualmente inundado por franquicias millonarias que intentan estirar el filón de la primera parte, o de títulos míticos, hasta donde se pueda. El debate sobre si segundas, o terceras (o séptimas…) partes, son tan redondas como la primera, está al rojo vivo. Es lógico. Lo que sorprende es que una y otra vez se echa abajo el mito de que “segundas partes nunca fueron buenas” (aunque sin duda, hay muchos ejemplos de secuelas desastrosas que jamás debieron ver la luz), sobre todo ahora que, en pocos años, hemos visto dos películas que son la cuarta parte, o la cuarta entrega, de una franquicia, y que son claramente superiores a sus predecesoras. Me refiero, por supuesto, a la magistral e inolvidable cuarta parte de la serie Mad Max, Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) y a la cuarta de la saga protagonizada por Ethan Hunt/Tom Cruise, que se tituló Misión Imposible – Protocolo Fantasma (Mission: Impossible – Ghost Protocol, Brad Bird, 2011), sobre la que voy a escribir ahora.

El muy listo, carismático (cuando no se le va la olla por televisión), guaperas, poderoso y a veces buen actor (y hasta portentoso intérprete, si recordamos su insuperable trabajo en Magnolia (1999), la obra maestra de Paul Thomas Anderson), vio en la adaptación al cine de la mítica serie Misión: Imposible (creada por Bruce Geller y emitida entre 1966 y 1973), una oportunidad para dominar una franquicia duradera en el tiempo y que le otorgara éxitos de taquilla casi asegurados, manteniendo además, sobre todo en la primera película, cierto espíritu del original y el famoso tema de apertura de Lalo Schifrin. La jugada le ha salido bien, a juzgar por el éxito de su apuesta, y ya van cinco películas de la saga. La primera de ellas, dirigida por Brian De Palma, apareció en 1996, y fue un buen entretenimiento. La segunda, una locura en ocasiones espectacular y frenética dirigida por John Woo. La tercera, que dirigió J.J. Abrams, no estaba mal, pero parecía agotar la propuesta inicial. Sin embargo la cuarta no es solamente muy superior a las anteriores, sino que además es una de las grandes películas de espías, y de acción, de los últimos años.

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Cine de aventuras superlativo

Sin olvidarnos jamás de que estamos ante un título destinado al goce y al entretenimiento más básicos, Ghost Protocol posee numerosas virtudes y bastantes rasgos de puro cine, como para despacharla sin más como un filme comercial al uso. Muchas veces he dicho, y seguiré diciendo, que el gran cine de aventuras es una de las fuentes de inspiración, disfrute e imaginación, más importantes a las que tiene acceso el público más generalista. Desgraciadamente, es cierto que muchas películas de aventuras no están a la altura, y desprecian tanto al público como al cine. Por suerte, en este caso, contamos con un director brillante llevando los mandos, Brad Bird (que ya nos maravilló con la preciosa El gigante de hierro (The Iron Giant, 1999), la fenomenal Los increíbles (The Incredibles, 2004) y la estupenda y divertidísima Ratatouille (2007), todas ellas de animación), un cineasta que sabe muy bien como encuadrar, planificar y montar de forma precisa y perfecta; y con un guión realmente bueno de Josh Appelbaum y André Nemec, que lleva al límite todas las posibilidades de este universo de acción, y crea un buen número de secuencias con las que Bird y su equipo pueden dar alas a todo su talento.

Lo más estimulante y emocionante de esta entrega, es que el grupo de espías se encuentra absolutamente desamparado, y ha de ir improvisando sobre la marcha. Mientras que en este tipo de películas, al estilo James Bond, hay un plan o una forma de actuar predeterminada, desde el principio, en Ghost Protocol, el reducido equipo de compañeros ha de averiguar cómo actuar a continuación para que su empresa sea un éxito. Y tras una brillante secuencia en Moscú, se ven desprovistos del apoyo gubernamental, y han de viajar a Dubai para, a la desesperada, engañar a su adversario e impedir que obtenga códigos de lanzamiento nucleares. Para mí, lo más interesante es que los cuatro amigos deben apoyarse mutuamente, olvidar sus diferencias y sus pulsiones emocionales, y llegar al filo de la navaja para dar lo mejor de sí mismos. En pocas palabras: una vez más, el gran cine de aventuras nos muestra a un dispar grupo de amigos, de compañeros, enfrentándose a la adversidad.

Todo el bloque de Dubai, que es la zona más brillante del filme, está filmado con una precisión y una perfección técnicas, en verdad abrumadoras. Accediendo al edificio más alto del mundo, nosotros espectadores seremos testigos de un intercambio de información y de diamantes en la que el guión, la puesta en escena, la verosimilitud, alcanza cotas de virtuosismo absoluto. A la breve escena del intercambio, le sucede la gótica tormenta de arena, de tintes casi fantasmagóricos, casi un crisol de emociones y de frenesí resueltos con total maestría técnica y narrativa, que deja en pañales a todo ese cine grandilocuente de James Bond, o falsamente frenético de la saga Jason, en la que únicamente se pegan 12 planos por minuto. Pero incluso la secuencia en los archivos rusos, la de la fuga de la cárcel, o la del aparcamiento final, muestran hasta donde se puede llegar con ingenio y ganas de hacer disfrutar al espectador.

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Todo ello inundado por una ironía y una falta de divismo muy poco frecuentes en títulos de esta naturaleza. No están inventando la rueda, pero la están haciendo girar con mayor dinamismo y sentido lúdico que nunca. No es poco, en estos tiempos.

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One thought on “Misión: Imposible – Protocolo Fantasma (2011), de Brad Bird

  1. Gran ejemplo de saga que más que decaer hace todo lo contrario. Toda peli de la saga supone un reto diferente para los implicados y el espectador. Es curioso también que cada director le haya dado su toque, en algunos casos más acentuados como con De Palma o John Woo, pero al fin y al cabo, se nota que cada peli parece tener su propia naturaleza, estética u obsesiones.
    Muy de acuerdo con lo dicho, a lo que me gustaría añadir que quizás Tom Cruise sea uno de los actores comerciales que más riesgo toma en sus decisiones, sagas de Misión Imposible aparte, Oblivion, Jack Reacher o Al filo del mañana son propuestas que tal vez se distancien de lo esperado, de hecho ninguna de ellas ha sido un gran éxito de taquilla, pero creo que sin duda muestra un interés por acariciar propuestas diferentes, ambiciosas o diferentes. Incluso me parece que ese interés también está en una saga como Misión Imposible, que bien podría haberse acomodado en cierta posición, pero que su ambición y riesgo por superarse hacen de ella una de las sagas más longevas y con más espíritu de reinvención del cine actual. La quinta parte, de la cual no desvelo nada por si no la has podido ver, es un ejemplo de eso, hay cierta escena en la ópera que abraza a referentes como Hitchcock o a la versión más hitchcockiana de De Palma.

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