7 disparates de los premios Óscar

Ahora que falta muy poco para que llegue una nueva edición de los premios cinematográficos más famosos del mundo (al menos, de esta parte del mundo…) quizá sea estimulante y divertido hacer un repaso por la historia de unos premios que hace mucho tiempo que tocaron el fondo de lo deleznable en cuanto a decisiones estéticas, a olvido de grandes artistas, a despistes inconcebibles, o a comparaciones odiosas y decisiones disparatadas que atentan contra el buen gusto y la razón. Siempre pendiente del hecho de que una industria premiándose a sí misma resulta demasiado sospechosa, y de que no entiendo el interés de ver a un montón de actores y cineastas de diferentes disciplinas riéndole las gracias al cómico de turno mientras compiten entre sí por ser el mejor del año en cualquier departamento o cualquier papel.

En esta lista de disparates únicamente cabe una cosa, mi gusto personal, que creo coincidirá con el de no pocos cinéfilos. Vamos allá:

1: El premio a mejor película de habla no inglesa

De todos los premios absurdos que se dan en cine, este quizá se merece estar en el primer puesto. Es un galardón que no le interesa a nadie, y que existe por un único motivo: que la industria estadounidense pueda demostrarse a sí misma que es la más importante del mundo, y que todo lo demás es secundario. Algo así como un premio de consolación. Algunos eminentes artistas europeos (Godard, Buñuel, Bergman…) despreciaron el premio abiertamente, pero mi argumentación preferida es la que dio Leos Carax hace pocos años:

Hola, soy Leos Carax, director de películas en lengua extranjera. He estado haciendo películas en lengua extranjera durante toda mi vida. Las películas en lengua extranjera se realizan en todo el mundo, por supuesto, excepto en Estados Unidos. En los Estados Unidos, sólo hacen películas en lengua no extranjera. Las películas en lengua extranjera son muy difíciles de hacer, obviamente, porque hay que inventar un idioma extranjero en lugar de utilizar el lenguaje usual. Pero la verdad es que el cine es una lengua extranjera, una lengua creada para aquellos que necesitan viajar al otro lado de la vida. Buenas noches.

¿Se imaginan al Festival de Cannes entregando el premio a mejor película en habla no francesa? Yo tampoco. Lo sangrante del tema es que muchas películas premiadas, o simplemente nominadas, en esta categoría, eran netamente superiores, mucho más importantes y hermosas que las que ganaron o simplemente fueron nominadas a mejor película del año. El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), que ganó, o Un Profeta (Un prophète, Jacques Audiard), eran mucho más bellas y perfectas que The Hurt Locker (Kathryn Bigelow). Amour (Michael Haneke, 2012) tenía más cine y más arte en un solo plano que Argo (Ben Affleck) en todo su metraje. Amores Perros (A.G. Iñárritu, 2000), que no ganó, le da sopas con onda a toda esa supuesta dureza y realismo de Traffic (S. Soderbergh). Esa maravilla que es Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rappeneau, 1990) es verdadera belleza hecha cine, y no la colección de postalitas de Bailando con lobos (Dances With Wolves, Kevin Costner). ¿Sigo? Vale: Fanny y Alexander (Bergman, 1983) ganó en su categoría el año que ganó a mejor película La fuerza del cariño (Terms of Endearment, James L. Brooks), película que particularmente me gusta…pero no hay color.

No creo que haga falta seguir. Creando este premio a “mejor película en habla no inglesa”, los de Hollywood se retratan a sí mismos: gente muy capaz para hacer cine, pero los grandes maestros europeos o asiáticos están muy por encima de ellos en la mayoría (no todos) de los casos.

2. El premio al mejor actor secundario

Me gustan esos festivales, o entregas de premios de alguna cinematografía, que otorga un galardón a todo un elenco, o que reparte el triunfo del año a varios actores, de diferentes títulos, en lugar de a uno solo. Porque, seamos claros, eso del actor secundario, que es un término que viene del teatro, se ha hecho en estos premios para poder dar más calvos dorados a actores. Pero, lo peor de todo, es que muchas veces lo de “actor secundario” es bastante cuestionable. Siempre recuerdo a Anthony Hopkins en su memorable interpretación de Hannibal Lecter para El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991). Si nos atenemos al concepto teatral, es un personaje de reparto. Pero su interpretación es tan subyugante, tan hipnótica, que era necesario nominarle a principal. Al final todo debería decidirse también por la importancia de ese personaje en la película.

Y, si así fuera, muchos actores no deberían haber sido nominados a secundarios, sino a principales, sin la menor duda. ¿Cómo es posible que hayan nominado a Rooney Mara a mejor secundaria por Carol, la obra maestra de Todd Haynes? ¡Pero si la película la lleva ella! ¿Que no tiene un impacto en la memoria tan grandioso como el de Cate Blanchett? Posiblemente…pero ¿secundaria? ¿De qué? ¿Por qué diablos nominaron a Jake Gyllenhaal a mejor secundario por Brokeback Mountain, la obra maestra de Ang Lee? De acuerdo, no es el genio de Heath Ledger, pero tiene la misma importancia, metraje, y peso en la película que su compañero. Todas estas ridiculeces responden a una calculada operación de márketing: que dos intérpretes no compitan entre ellos por una misma película, y se resten votos entre ambos. Pero no hablamos de marketing, ni de competición, ¿no? sino de arte y estética. ¿Entonces? Seamos serios.

Jake Gyllenhaal and Heath Ledger in a scene from BROKEBACK MOUNTAIN, 2005.

3. Premio al mejor montaje

Yo eliminaría este premio, así de sencillo. Puede que muchos que lean esto se lleven las manos a la cabeza, pero me da igual. Admitiendo la fundamental figura del montador en una película, no veo la necesidad de este galardón. El montaje, si el director es un artista, depende de él, por muy bueno que sea el montador. De acuerdo, lo sé, muchas veces el montador mejora la película, ayuda al director a descartar (como no ha estado en el rodaje puede ser muy útil al director, porque carece de su sentimentalismo a la hora de querer mantener determinados planos, o incluso secuencias, que tanto han costado rodar, y darle una nueva perspectiva), muy bien, todo eso está perfecto. Pero centrémonos y seamos serios, de nuevo. Cuando se premia al mejor montaje se premia un montaje acelerado, o vibrante, o “artístico”. Nada más dañino a la integridad de una película.

En el cine el montaje es un mal necesario. Existe porque no hay más remedio: hay que montar los planos. En la pertinencia de esos planos, en su capacidad para unirse y crear una unidad temporal y emocional, está el talento del director, no del montador. Dar este premio sería como dar un calvo dorado al mejor ayudante de dirección, o al mejor suplente del director, o si estuviéramos en literatura, al que mejor monta las páginas en la edición del libro. El premio al mejor montaje habría que dárselo siempre, absolutamente siempre, al director.

4. Años nefastos

Demasiados, en el caso de los Óscar. La cosa llega a tal extremo de indignidad, en algunos de los años que voy a citar, que hasta duele recordarlo. Veamos:

En 1980 estaban nominadas El hombre elefante (The Elephant Man, David Lynch), Toro salvaje (Ranging Bull, Martin Scorsese) y Tess (Roman Polanski). La ganadora fue Gente Corriente (Ordinary People, Robert Redford). Vale. Imaginemos que, en unos veinte minutos, escuchamos a Chopin, a Mozart y a Schubert, y a continuación nos ponen una pieza de The Beatles. ¿A que me explico?

En 1979, un año antes, Apocalypse Now (en opinión de quien esto firma, la más importante, terrible, escalofriante, bella, perfecta y definitiva película filmada en Estados Unidos en toda su historia) perdía frente a Kramer contra Kramer (Robert Benton).

En 1998, ganó Shakespeare in Love (John Madden). Estaba ahí nominada La delgada línea roja (The Thin Red Line, Terrence Malick). Vuelvo a eso que dije de Chopin, Mozart… eso…

Pero no hace falta volver a hablar sobre tantos ejemplos en los que la película ganadora no habría tenido nada que hacer frente a algunas de las nominadas en cualquier festival de cine serio. Podemos fijarnos en años en los que las que no estaban ni siquiera nominadas (y muchas ni siquiera estadounidenses) eran tan superiores al quinteto finalista al calvo dorado que negarlo es una idiotez de lesa humanidad:

En 1954 estuvieron nominadas La ley del silencio (On the Waterfront, Elia Kazan), que ganó,  The Caine Mutiny (Edward Dmytryk), The Country Girl (George Seaton), Seven Brides for Seven Brothers (Stanley Donen), y Three Coins in the Fountain (Jean Negulesco). Ninguna de ellas tiene nada que hacer (de hecho, dudo que nadie se acuerde de por lo menos dos) contra otras películas de 1954: la grandiosa Los siete samuráis de Kurosawa, y la magistral La ventana indiscreta de Hitchcock, dos largometrajes que han inspirado, por distintas vertientes, a cineastas durante muchas más décadas que la premiada o las nominadas.

5. Dos premios para el sonido

De nuevo algunos se me tirarán a la yugular, pero creo que dos premios para el sonido son innecesarios y absurdos. Uno es al mejor montaje de sonido, y otro a los mejores efectos sonoros. No lo entiendo. Si se premia al mejor sonido, se entiende al mejor trabajo en todos los aspectos del sonido. No se da un premio a la mejor fotografía y luego al mejor cámara o postproducción y colorimetría.

6. Directores

Este año puede ser, muy posiblemente, uno más en que no gana al mejor director ningún varón estadounidense. A mí me parece magnífico. Si no vuelve a salir elegido el mexicano Iñárritu otra vez, lo más probable es que triunfe el australiano George Miller. Antes lo ganó el también mexicano Alfonso Cuarón, el taiwanés Ang lee, el francés Michel Hazanavicius, el británico Tom Hooper, y ya por fin una norteamericana, Kathryn Bigelow, que es la primera directora en la historia en alzarse con el calvo. Pero si queremos encontrar un tipo (o tipos, en este caso) estadounidenses, hay que remontarse a 2007, cuando ganaron los Coen. Me parece significativo que lo que en casi una década se ha considerado como premiable en puesta en escena por esa academia tan rancia y conservadora, ha venido de sensibilidades y miradas que poco o nada tienen que ver, una prueba más de que el cine estadounidense, desde siempre, se ha nutrido principalmente del talento de cineastas más allá de sus fronteras.

Anécdotas aparte, la lista de directores célebres que nunca ganaron el Óscar no me interesa para nada. Muchos dirán que si Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick… gente así. Bueno. No creo que les quite el sueño no ganar el Oscar. La duda que me asalta es que si dan un premio a la mejor película en habla no inglesa, ya puestos, que den un premio al mejor director en habla no inglesa. Aunque supongo que ya las comparaciones serían sangrantes.

7. Decisiones más que cuestionables

Volver a decir que Martin Scorsese es uno de los cineastas estadounidenses (italoamericano, para ser más exactos, pero a fin de cuentas su carrera es netamente estadounidense) más importantes de la historia, suena a perogrullo. Pero es así. Durante muchos años, el bueno de Marty, que es un cinéfilo y un romántico empedernido, soñó con ganar la estatuilla que tantos de sus ídolos habían conseguido. Que se lo dieran en 2006, con una película tan rutinaria (brillante en bastantes aspectos, por supuesto, pero que nada añade a su filmografía) como The Departed, que además es un remake de una película asiática, me parece una broma de mal gusto. Se lo dieron porque no había más remedio y la cosa era ya insultante.

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Pero lo de 2002 me parece ya de tontuna irremisible. Que el mejor director (Polanski), el mejor actor (Brody), y el mejor guión (Harwood) no hagan la mejor película, que se llevó Chicago (Rob Marshall), es para quedarse alucinado. Entonces, ¿qué es lo que hace a una película superior a otras? ¿La escenografía?

Conclusión:

Otros premios, como el de mejor fotografía, o la mejor música, suelen ser bastante más acertados y justos, con las inevitables ausencias o injusticias para una industria tan grande. Pero los Oscar son únicamente una estrategia comercial, que de cuando en cuando valora lo más importante del año.

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5 thoughts on “7 disparates de los premios Óscar

  1. Los Oscars tienen un monton de cosas curiosas, pero es asombroso como ni de casualidad la ligan con las peliculas que, en el corto o largo plazo, llegan a tener una gran influencia en el propio cine estadounidense, y en cambio como dices nominan o incluso premian cosas bien hechas pero que al año no les importan a nadie,o como son son incapaces de premiar talentos en su cima, en vez haciendo brillar a “one hit wonders” que no hacen mas nada interesante o dando “premios a la trayectoria” por una pelicula normalmente menor de un maestro.

    Me entran a la mente como Tarantino no ha ganado, Linklater tiene una(!!) nominacion a mejor director y pelicula, o Fincher,o McTiernan,etc,etc, y esto es solo para los que vienen del cine estadounidense!.
    No podía dejar de mencionar como extra, si en algo han retrocedido una enormidad es totalmente ignorar aventuras,Sci-Fi/fantasia, y cualquier otra cosa que no sean dramas, si son de epoca sobre hombres blancos mejor

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    1. Sin duda los calvos dorados han premiado sobre todo ese tipo de género del que hablas, pero también han existido películas de sci/fi o fantasía, que lo han ganado, o han estado nominadas, como este año.

      Pero, ¿a quién le importa si ganan o pierden? es como la existencia de Dios: mi vida seguirá igual tanto si Dios existe como si no.

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  2. Interesante y acertada reflexión, Adrián. Lo que yo no termino de entender es que haya un premio a la mejor película y otro al mejor director. ¿Acaso no es el director el responsable último de su obra? Aunque viendo que el de mejor película se lo dan al productor creo que para ellos esto no es arte… Y gracias a la división podríamos ver al maestro Miller levantar la estatuilla mañana.

    Por otra parte, y sin ánimo de convertir los comentarios en un buzón de sugerencias, me gustaría saber lo que piensas sobre algunas películas recientes (Sicario, The Revenant, Langosta, Dheepan, Ex Machina, Macbeth). Un breve comentario basta, como has hecho con Carol. Ah, Creed también. Stallone, que nunca me pareció mal actor, está perfecto en este precioso personaje (o esta etapa de la vida del personaje de Rocky) que le han preparado. La cinta no es nada del otro mundo, pero entre Jordan y Sly le dan bastante vidilla.

    Saludos.

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    1. Siempre he respetado a Stallone. De acuerdo, no es Laurence Olivier, pero me parece un gran profesional. Igual me animo a escribir algo sobre él…

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