Anticrítica: Náufrago (2000), de Robert Zemeckis – O cómo establecer la superioridad moral de Estados Unidos

Eso de “o cómo establecer la superioridad moral de Estados Unidos” es un subtítulo que podría ponerse a prácticamente la totalidad del cine comercial estadounidense, que desde hace muchísimo tiempo está dedicado a invadir la mente de medio mundo, inoculándoles la imagen de que ese país es el centro del universo, y que el resto de países desarrollados somos poco más que un país tercermundista, y que tenemos la suerte y el privilegio de que ellos existan. Aquí el subtítulo va que ni pintado, aunque en un principio al lector pueda parecerle que voy a buscar tres pies al gato, pero en absoluto. Basta mirar un poco al fondo de esta bobada de película para percibir que nos están intentando colar lo mismo de siempre. Lo sorprendente es que filmes de este tipo no provoquen la indignación del respetable.

Sobre el papel, la historia es prometedora y ofrece posibilidades de dar algo más: un analista de sistemas, en su enésimo viaje en avión, sufre un accidente, y sobrevive, yendo a parar a una minúscula isla desierta en mitad del océano pacífico, en la que permanecerá cuatro años. Tal historia podría haber dado lugar a una buena película de aventuras, a un relato existencialista, o a un estudio psicológico, si sus responsables, el director Robert Zemeckis y el actor Tom Hanks, que no por casualidad son también productores de la cinta, tuvieran algún interés en hacer algo importante. Pero desde el primer fotograma está claro que lo que quieren es emocionar al personal con una bonita historia de amor y redención personal, tomando al espectador por imbécil, y lo que es peor, construyendo una imagen del mundo tan distorsionada, falsa y tendenciosa que hay que frotarse los ojos para creerlo.

tom-hanks-wilson

El cine estadounidense, al igual que muchas otras cinematografías pero con mayor calado, parece haberse caído del guindo continuamente. Zemeckis y Hanks deben pensar que el espectador internacional (no sé si el de su país también) no ha visto películas de supervivencia extrema. No tengo nada en contra si deciden hacer una película sobre esta temática, pero sí en el hecho irrefutable de que creen hacer la definitiva, como cuando Spielberg se cayó también del guindo y “nos descubrió” la dureza del combate en campo abierto con Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), curiosamente también con Hanks. Como disponen de unos medios técnicos alucinantes, quizá hagan pasar gato por libre a algunos espectadores. Por suerte no a todos. Nunca hemos visto una isla tan bellamente filmada (aunque planos como ese cenital en el que Hanks descubre que se encuentra en un islote mínimo cantan por soleares en su trucaje digital), ni una tormenta oceánica tan impresionante como en Náufrago (Cast Away, 2000), así como nunca habíamos presenciado unos efectos sonoros y a cámara de combates como en Salvar al soldado Ryan, pero con eso no basta.

En el cine es imprescindible una mirada y un punto de vista muy definidos, que son los que dan la medida del cineasta que está detrás. Ese punto de vista es tan importante como la historia que está contando, y ahí está lo complicado, porque la condiciona.

Aquí el punto de vista queda expuesto en toda su burda naturaleza con la primera escena, que transcurre en Moscú. Allí asistimos a cómo un pedazo de profesional (¡estadounidense por supuesto! ¡Tom Hanks, of course!), analista de sistemas, les explica a los ignorantes asalariados moscovitas lo que tienen que hacer para que el negocio no se hunda. Antes, de fondo, hemos pasado por la Plaza Roja de Moscú (porque si no el espectador lelo no sabe que estamos en la capital de Rusia), mientras oímos, oh sorpresa, el famoso tema musical compuesto por Lev Knipper incluido en su Polyushko-polye, y que ya es parte consustancial de los coros del Ejército Rojo. Mientras seguimos a un repartidor de Fed-ex (Product Placement Style!) que entra en un restaurante, o algo así, en cuya fachada están retirando, lo juro por lo más sagrado, una tablilla con el rostro grabado de Lenin. Si esto no es un chiste que suba el Diablo y lo vea.

A veces pienso, lo siento mucho, que el espectador medio ve las películas como las vacas pastando ven pasar el tren. La cosa es grave. ¿Nadie se ha percatado de la burla que es este comienzo? ¿En serio? Dimito…

Se supone que vamos a experimentar la peripecia de un hombre que sobrevive en una isla desierta. Pero antes de eso, el director, el guionista y la superestrella international Hanks nos han colado, como el que no quiere la cosa, porque pasaban por allí, la idea de que los rusos son una panda de incompetentes, que el comunismo es una mierda en comparación con el mucho más cómodo capitalismo, y que menos mal que existe Tom Hanks en la Tierra. No ha ido a Madagascar, a Zurich, o a Praga. Ha ido a Moscú. Casualidades de la vida. Además es un tipo malencarado, un verdadero imbécil, que desde que le vemos deseamos que desaparezca, que se vaya a una isla desierta… por ejemplo. ¿Este tipejo quieren que sea el protagonista de la historia? ¿Con esto debemos identificarnos? Ok…

Identifiquémonos. ¿Cómo es posible que Helen Hunt, una maravillosa actriz, esté metida en este fregado? Nadie puede creerse que esa mujer esté enamorada de semejante imbécil. Personalmente, me alegro de que se estrelle, y de que ella se busque a otro maromo. Se supone, eso dicen los que saben de cine, que Hanks es algo así como el americano medio, una especie de James Stewart moderno (ya le gustaría a él), y que por eso se identifican con sus personajes. ¿Podemos identificarnos nosotros, pobres residentes de países tercermundistas? Yo creo que no, pero oye, igual me equivoco. Como soy un europeo ignorante…

Tienen la inteligencia, los cineastas, de contar todo el tramo de soledad en la isla sin recurrir prácticamente nada a la música de Alan Silvestri (un buen músico, por otro lado), y sin permitir que el espectador salga tampoco de esa isla. No hay flash-backs, ni hay una narración en paralelo con lo que sucede fuera de allí. Me parece correcto. Somos testigos de la dificultad de abrir cocos, de la dificultad de hacer fuego, de la dificultad de pescar, de la dificultad de no tener un buen dentista cerca…etc. Y hay buenas ideas, como la de recurrir a una pelota de voley para que sea la única compañía y desahogo emocional de Hanks en la isla. Pero a la vuelta, al regreso de esa soledad, llega algo así como Forrest Gump 2. Escuchar a Hanks decir que “nunca sabes lo que traerá la marea” recuerda demasiado a “la vida es como una caja de bombones”. Filosofía y existencialismo de baratillo, para el público dócil, para sentirnos un poco mejor en la vastedad del universo.

Estupendo todo, y magnífico. Perdóneme el lector, pero me dan ganas de vomitar.

 

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3 thoughts on “Anticrítica: Náufrago (2000), de Robert Zemeckis – O cómo establecer la superioridad moral de Estados Unidos

  1. Vomite a gusto, amigo Massanet. Fuera coñas, una película disfrutable, a mi parecer, que si bien no deja de ser ciudad cliché, cumple más de lo debido para el espectador medio que simplemente le apetece ver el envoltorio sin pensar. Como mínimo está todo bien camufladito. Al final, de cualquier pozo se le puede sacar un buen puñado de mierda.

    Sea como fuere, una buena crítica, Adrián.

    Un saludo y bienestar 🙂

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