El verdugo (1963), de Luis García Berlanga

Dijo Franco de Luis García Berlanga: “Ya sé que no es comunista, es algo peor…es un mal español”. Probablemente, con su profunda hipocresía, el generalísimo demostraba su indignación no porque Berlanga “destapase” o demostrase la situación real de la España de aquellos tiempos, sino porque, en el poco cabal discernimiento del dictador, España no era eso que se mostraba en la película, sino un paraíso de libertades católicas y reaccionarias. Sin embargo en las imágenes de El verdugo, bajo mi punto de vista, no late tanto una crítica social, más o menos soterrada, de su tiempo, sino algo mucho más subversivo y poderoso: una crítica mordaz de la condición humana, la española para ser más exactos.

Es decir que no creo, por mucho que se haya repetido hasta la saciedad durante más de cincuenta años, que la destacada importancia de El verdugo dentro de la historia del cine español se base en ser una película “de denuncia”, o una alegoría al estilo de La caza (Carlos Saura, 1965), sino en la minuciosa, casi gélida, observación del carácter español, a veces miserable y mezquino, casi siempre desternillante y carpetovetónico, sin duda esperpéntico a la vez que trágico, todo ello a la vez, para regocijo del espectador, sobre todo el patrio, que tiene la oportunidad, como en Plácido (1961), de reírse de sí mismo, al mismo tiempo que de compadecerse de los personajes más desamparados, posiblemente, que ha dado el cine de este país. Y todo ello sin caer excesivamente en el costumbrismo, y con una mirada y puesta en escena a medio camino entre el neorrealismo y la comedia italianas, filtradas con el profundo humor negro de Berlanga y su guionista Rafael Azcona. No está nada mal.

elverdugo1

Tampoco creo, en realidad, que se trate de un relato contra la pena de muerte, al estilo por ejemplo de Dead Man Walking (Tim Robbins, 1995), sino de una caricatura extrema ante una situación determinada. El humor negro no denuncia, escenifica un suceso trágico como si se tratase del mayor disparate perpetrado por la humanidad. No creo que Berlanga ni sus colaboradores estuvieran a favor, ni mucho menos, de la pena de muerte, pero estoy casi seguro de que tampoco pretendían llevar a cabo un alegato, o por lo menos yo no lo encuentro en la película, ni de forma nítida ni subterránea. Pretendían reírse de todo lo que pudieran tocar, porque en esos tiempos la única forma de salir intelectualmente hacia adelante era o pelear y salir derrotado, o tomarse las cosas con el humor más ácido que quepa imaginar y sobrevivir.

Pero también se ríe de las costumbres sociales, de la familia tradicional, de la obsesión del español medio por obtener casa propia cuando apenas se tiene para llegar a fin de mes (¡décadas antes de la burbuja inmobiliaria!), de lo falsos que somos y cómo nos plegamos a hacer cosas que no nos gustan o con las que no estamos de acuerdo con tal de vivir un poco más cómodamente… y un largo etcétera de cuestiones dolorosas pero también esperpénticas que van desfilando en su más bien escueto metraje, que es un ejemplo maravilloso de cómo contar muchísimas cosas sin extenderse indebidamente, es decir un ejemplo de concisión y concreción, yendo al grano en todo momento con una gran capacidad de sugerencia y sin el menor atisbo de divismo estético, sobre todo después de los soberbios planos-secuencia de Plácido. En la sencillez de El verdugo late también su capacidad para ser recordada.

Amadeo (interpretado con arrolladora verdad, desvergüenza e inteligencia por ese genio afónico que fue Pepe Isbert), un funcionario encargado de ejecutar a los reos condenados por garrote vil, está a punto de jubilarse, y conoce a Jose Luis (estupendo Nino Manfredi, un poco italiano en sus amaneramientos, pero siempre veraz y en carne viva), un empleado de pompas fúnbres que se enamora de la hija (espectacular Emma Penella, como si no interpretase) del primero, y al quedarse ella embarazada no tiene más remedio que formar familia, y heredar el empleo de su suegro, entre otras cosas porque así no perderán el piso (todavía en construcción) que el patronato va a entregarles. El pobre Jose Luis, por el que llegamos a sentir verdadera conmiseración, se ve atrapado en una situación sin salida en la que tiene que matar para sobrevivir, convertido en un pelele en manos de una familia de intrigantes ibéricos proletarios.

Otros rostros muy famosos del cine español aparecen aquí: Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Lola Gaos, Antonio Ferrandis, María Isbert, Julia Caba Alba… con el blanco y negro (¿alguien podría imaginarse esta película en color?) del gran Tonino Delli Colli, y la música de Miguel Asins Arbo con el famoso tema de Adolfo Waitzman (que no se sabe si es irónico, o va en serio), todos dedicados, bajo la batuta de Berlanga en su madurez, en coproducción española-italiana, a echar luz sobre lo deprimente, absurda, rocambolesca que era, y sigue siendo, España.

El Verdugo - Cartel original

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s